Luana acercó su nariz a la de él y la rozó con suavidad, aproximándose un poco más hasta cortar por completo la distancia entre sus labios. Inmediatamente profundizó el beso, llevó sus manos para acariciar el pecho de él y, con una sonrisa, bajó una mano para tocarlo ahí abajo con total valentía. Tragó saliva, ya que nunca antes había estado con un hombre de esa manera. Él jadeó con un tono ronco y entrelazó su mano con la de ella. —Cuidado. Con eso no se juega —le advirtió con la respiración pesada. —No estoy jugando, lo quiero. Te quiero sentir —habló ella con un tono suave y delicado. Volvieron a juntar sus bocas entre respiraciones entrecortadas y jadeos, con los cuerpos tan cerca que parecían fusionarse. Él se sintió tentado. Empezó a tocar sus piernas y fue subiendo hasta llegar

