CAPITULO 19
POV AURORA
Al verlo alejarse de esa manera, lo único que puedo pensar es que no siente absolutamente nada por mí. Tal vez he estado confundiendo las cosas, idealizando momentos, interpretando miradas que en realidad no significaban nada. Quizás es por mi falta de experiencia, por ser una chica que nunca ha vivido algo así.
Toda mi vida he estado sola, apartada del mundo, protegida por un muro invisible que me aislaba de los demás. Tal vez soy yo la que está mal, la que se ha engañado a sí misma creyendo en algo que nunca existió.
Camino en dirección a casa de Giulia, con la intención de desahogarme con ella, de contarle lo que siento. Pero algo dentro de mí me detiene. Pienso en todo lo que ha pasado, en cómo mis emociones pueden traicionarme, y en lo mucho que detesto sentirme débil. No quiero que nadie me vea así, rota.
Cambio de rumbo sin pensarlo, dejando que mis pasos me guíen, sin rumbo fijo. Camino y camino sin parar, como si necesitara escapar de mí misma. Sin darme cuenta, mis pies me llevan hasta el bosque, y más allá... hasta la cabaña donde viví la mayor parte de mi infancia.
Me detengo en la entrada. El lugar está cubierto por el tiempo, pero sigue siendo el mismo refugio silencioso de siempre. Un remolino de recuerdos me golpea: las voces de mis padres adoptivos, las pocas risas, las noches frente al fuego. Todo era más simple, más puro... más feliz, sin saberlo.
Me dejo caer sobre el viejo banco de madera frente a la cabaña y no puedo evitarlo: las lágrimas comienzan a caer, primero en silencio, luego con un dolor desgarrador. El llanto brota desde lo más profundo de mi alma, y por primera vez en mucho tiempo, no me contengo.
El dolor en mi pecho es tan agudo, tan intenso, que por momentos siento que no puedo respirar. Me oprime, me arde. Y es ahí, en medio de ese llanto amargo, que lo entiendo.
Esto… esto que siento… es amor. Me enamoré sola. Me lancé al vacío con los ojos cerrados, y ahora estoy cayendo sin nadie que me atrape. Me enamoré de alguien que solo ha intentado alejarme, que me rechaza una y otra vez, aunque lo haga con suavidad.
Tal vez por eso llegué aquí, a este lugar seguro, a este rincón donde todo era claro y sin dolor. Aquí puedo llorar sin que nadie me vea. Aquí puedo romperme sin fingir que soy fuerte.
Las horas pasan sin que lo note.
Entonces, tomo una decisión. Una decisión que me nace del dolor, pero también de la claridad que da el sufrimiento: solo ellos importan, las personas que me criaron, los que me protegieron cuando no tenía a nadie más. Los salvaré. Me enfocaré en eso. Controlaré mis poderes. Haré lo que tenga que hacer.
Lorenzo, esta noche mueres en mi corazón.
Y yo… renaceré de esta herida, más fuerte que nunca.
Camino rumbo a la casa de Ester con mi decisión ya tomada.
Mis pasos son firmes, pero mi corazón aún lleva el peso de lo que ocurrió. En mi mente, las imágenes de Lorenzo se repiten como una película que no puedo detener. Sin embargo, he decidido dejarlo atrás, por mi bien, por mi equilibrio… por mi vida.
Mientras avanzo por el sendero, mi teléfono vibra varias veces. Son mensajes de Giulia. Me pide hablar, me dice que es urgente, que hay cosas importantes que necesitamos conversar. Por un instante siento culpa. No le he contado nada, no le he explicado lo que pasó realmente, y sé que ella está preocupada.
Le respondo con sinceridad:
"Necesito tiempo. Solo un par de días. No estoy lista para hablar de esto todavía, Giulia. Por favor, entiéndeme."
Algo dentro de mí, una voz suave pero persistente, me dice que mi amiga es la única persona en la que realmente puedo confiar. Ella ha estado a mi lado desde que llegué, ha sido un refugio, un apoyo constante, incluso cuando yo misma no sabía en quién podía apoyarme.
No es justo seguirla manteniendo al margen, no después de todo lo que ha hecho por mí. Giulia merece saber la verdad, merece comprender por qué me comporto así, por qué a veces me pierdo en mis pensamientos, por qué huyo.
Pero ahora no puedo. No aún.
Estoy demasiado rota por dentro. Necesito poner mis emociones en orden, necesito recuperar mi fuerza y mi centro. Sé que pronto llegará el momento de decirle todo, de abrirle el corazón y contarle quién soy en realidad, lo que soy… y también lo que siento.
Llego finalmente a la casa de Ester, exhausta. La puerta se abre antes de que siquiera llame. Ella me esperaba.
—Sabía que vendrías —dice con serenidad, como si pudiera leer mi alma—. Has tomado una decisión, ¿verdad?
Asiento en silencio. Sí, la he tomado. Me enfocaré en aprender, en controlar mis poderes, en salvar a las únicas personas que me dieron un hogar.
Dejaré de correr.
Dejaré de soñar con lo imposible.
Es hora de convertirme en quien estoy destinada a ser.
Han pasado dos días desde que tomé la decisión de dejar atrás lo que siento y enfocarme en lo verdaderamente importante. Me he sumergido en mis entrenamientos con Ester, en la disciplina, en el control de mis poderes… o al menos eso intento. Pero por más que lo intente, su rostro sigue apareciendo en mis pensamientos. A cada momento. En cada rincón de mi alma.
Esa mañana, mientras trato de mantener la mente ocupada, alguien llama a la puerta con insistencia. Ester se adelanta y abre. Un hombre alto, vestido con ropas oscuras y gesto severo, extiende una carta lacrada con un símbolo que no reconozco, pero que me hace estremecer por dentro.
—Es una invitación oficial —dice el mensajero con voz firme y autoritaria—. Todas las jóvenes en edad casadera están obligadas a asistir. Aquella que no lo haga será desterrada del pueblo y no podrá volver jamás. Es la celebración del heredero… donde elegirá a su futura esposa.
Escucho esas palabras como si fueran un golpe seco en el pecho.
Tomo la invitación con manos temblorosas. Mis dedos recorren el nombre del remitente: "Familia Salvatore". Y justo ahí, el mundo se me viene abajo. El aire se espesa, mi respiración se corta, mis piernas ceden. El nombre… su nombre… está ahí, marcado con fuerza en el centro de esa carta.
Mi cuerpo no resiste más y caigo de rodillas al suelo, sin poder articular palabra. Una ráfaga de viento surge a mi alrededor de forma espontánea, como una descarga que emana directamente de mi pecho. Mi poder, descontrolado por la emoción, se manifiesta sin que yo lo quiera.
Ester reacciona de inmediato. Mira a nuestro alrededor y, al notar cómo el aire empieza a vibrar con una energía que no puedo contener, se adelanta con firmeza, despide al mensajero con un gesto decidido y cierra la puerta tras él.
—Tranquila, Aurora… respira, cálmate —dice mientras se arrodilla a mi lado, tomándome de los hombros—. No estás sola, estás a salvo aquí. Respira conmigo.
Cierro los ojos y lucho contra las lágrimas. No puedo creerlo. Justo cuando creí haberlo enterrado dentro de mí, Lorenzo vuelve a tocar mi puerta… sin siquiera estar presente.
¿Escoger esposa? ¿Un baile? ¿Obligar a todas a asistir?
—¿Cómo se atreve? —susurro con dolor—. ¿Cómo se atreve a jugar así con nosotras… conmigo?
Ester no responde. Me abraza con fuerza, y aunque no dice nada, su silencio me lo dice todo. Sabe que este no es solo un baile. Es una amenaza. Es una prueba. Es una herida abierta que apenas empieza a sangrar.
Aún en el suelo, trato de calmar mi respiración mientras siento cómo la energía se retira lentamente de mi cuerpo. Ester me ayuda a incorporarme y me guía hasta el sofá, donde me cubre con una manta, como si pudiera protegerme también del miedo que ahora me invade.
—Esto no puede ser una simple coincidencia —murmura Ester, con la invitación aún en las manos—. Justo cuando tú decides desaparecer, cuando decides enfocarte en tu entrenamiento… aparece esta carta. Un evento obligatorio, en el que él debe elegir esposa. Y enmascarado como una fiesta de cumpleaños…
—Él sabe que iré —digo en voz baja, más para mí que para ella—. O al menos lo sospecha. Él… o su padre.
Ester frunce el ceño, pensativa, y luego camina hacia la chimenea con la carta aún en las manos. La observa detenidamente, como si buscara un símbolo oculto, un rastro entre las líneas.
—Aurora, esto va más allá de Lorenzo —dice al fin, seria—. Tú lo sabes. Están buscando a una mujer, alguien con habilidades, alguien especial. Esta fiesta es solo un disfraz. Quieren encontrarte, descubrir tu identidad. Y sospecho que ya tienen pistas.
—¿Y si saben de mis padres? —pregunto con un nudo en la garganta—. ¿Y si todo esto tiene que ver con ellos? ¿Con quienes me criaron?
Ester se gira de golpe.
—No lo había pensado así… pero podría ser. Si descubrieron su conexión contigo, es lógico que comiencen a presionarte de esta manera. No por ti… sino por lo que representas. Tal vez temen lo que puedas hacer, o peor aún… necesitan de ti para algún propósito.
Sus palabras me dejan en silencio. Ya no se trata solo de lo que siento por Lorenzo. Esto es mucho más grande. Mi identidad. Mi historia. Mi pasado.
Me enderezo y tomo la carta entre mis manos otra vez. Miro el emblema en el sello: la serpiente y la luna, símbolo de los Salvatore. Lo recuerdo vagamente, aunque nunca supe lo que significaba realmente.
—¿Y si no voy? —pregunto sin dejar de mirar la invitación—. ¿Y si me niego?
Ester suspira.
—Eso también es una respuesta, Aurora. Y una muy peligrosa. Si no te presentas, levantarás más sospechas. Serías la única joven ausente. La única que no cumple la orden del hombre más poderoso del pueblo. Y si de verdad saben quién eres… no solo irán por ti. Irán por quienes te protegieron.
Mis ojos se llenan de lágrimas. Otra vez me siento atrapada. Esta vez, no por mi propio poder… sino por una red que se estrecha a mi alrededor, tejida por secretos, por sangre, por lo que soy.
—Entonces debo ir —digo con voz temblorosa—. Pero no iré como una víctima. Iré con la frente en alto. Y si me están buscando… que me encuentren. Pero no sabrán quién soy hasta que yo lo decida.
Ester asiente, con una mezcla de orgullo y preocupación.
—Te ayudaré a prepararte. Pero prométeme algo, Aurora: pase lo que pase esa noche, no bajes la guardia. Ellos no te quieren para una historia de amor. Ellos te quieren para romper algo… o para desatar algo. Y tú no les perteneces.