CAPITULO 12
POV AURORA
Estar aquí es más difícil para mí cada día, la angustia que siento sin saber cual puede ser mi futuro con esta gran responsabilidad en mis hombros, ser un ser sobrenatural es muy difícil, es algo que odio, me gustaría ser una chica normal, tener una familia normal.
El sacrificio de Ester aún está fresco en mi mente. La veo en cada rincón de esa casa que ahora parece más vacía que nunca. Su voz resuena en mi cabeza, recordándome que debo ser fuerte, que debo protegerme a toda costa. Pero ¿cómo se supone que haga eso cuando siento que todo se derrumba a mi alrededor?
Camino por las calles sin rumbo fijo, intentando aclarar mis pensamientos. Algo dentro de mí me guía, como un instinto que no logro descifrar. Cuando me doy cuenta, estoy frente al lugar donde solíamos reunirnos con los chicos. Ese espacio tranquilo, entre árboles altos y un cielo despejado, ahora parece distinto, como si la energía hubiera cambiado.
Me siento a mirar el cielo, a observar todo mi alrededor.
Entonces lo veo. Lorenzo aparece de entre las sombras, caminando hacia mí con una presencia que me deja sin aliento. Su figura alta y elegante contrasta con la oscuridad que parece envolverlo. Su mirada se cruza con la mía, y el tiempo se detiene.
Su rostro es como un lienzo lleno de secretos, pero sus ojos... esos ojos profundos y oscuros me miran como si pudieran ver directamente dentro de mi alma. Mi pecho se aprieta, y un torbellino de emociones me invade: miedo, atracción, confusión.
Quiero acercarme más a él, pero al mismo tiempo siento la necesidad de retroceder. Es como si una fuerza invisible tirara de mí en dos direcciones opuestas. Mi corazón late desbocado, y mis manos tiemblan ligeramente.
—Aurora —dice con una voz baja y grave que envuelve cada rincón del lugar.
No puedo responder. Mis labios se abren, pero no encuentro palabras. Él camina hacia mí, su mirada fija en la mía, como si nada más existiera.
Cuando está lo suficientemente cerca, extiende su mano y toma la mía con delicadeza, pero su tacto me quema, como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo.
— Necesitaba verte, quería encontrarte, pero ninguno de los chicos sabía dónde podía hacerlo, tengo que decirte, que lo mejor para ti, es; Tienes que alejarte de mí —dice finalmente, su tono cargado de algo que no puedo descifrar: culpa, miedo, o tal vez ambos.
—¿Por qué dices eso? —logro murmurar, aunque mi voz suena rota, como si las palabras dolieran al salir.
—Porque no te convengo, ya no puedo ser tu amigo —Sus ojos, esos mismos que me hipnotizan, ahora están llenos de una tristeza que me parte el alma. Su agarre en mi mano se aprieta ligeramente, como si luchara contra algo dentro de sí mismo.
—No entiendo, Lorenzo. —Mi voz tiembla, y mis ojos se llenan de lágrimas que no quiero dejar caer.
—Es mejor así, Aurora. No te acerques a mí. Si me ves en la calle has de cuenta que no me conoces. —Su rostro está tan cerca que puedo sentir su respiración mezclándose con la mía, pero sus palabras son como dagas que se clavan en mi pecho.
Quiero decirle que está equivocado, que no quiero alejarme, pero mi cuerpo no responde. Solo puedo quedarme ahí, atrapada entre el deseo de aferrarme a él y el miedo a lo que eso pueda significar.
Finalmente, Lorenzo suelta mi mano y da un paso atrás, rompiendo el contacto que parecía mantenernos atados.
—Por favor, Aurora, hazlo por tu bien —susurra antes de girarse y desaparecer en la oscuridad de la noche.
Me quedo allí, con el corazón en un puño y las lágrimas cayendo por mis mejillas. Mis piernas se sienten débiles, pero no puedo moverme. Solo una cosa es clara en mi mente: él esconde algo, algo que lo atormenta tanto como a mí me atormenta no saberlo.
Sigo allí, sola en medio de la noche, sintiendo el vacío que Lorenzo dejó al marcharse. Sus palabras aún resuenan en mi cabeza, pero es su mirada la que me persigue. Esa tristeza, ese peso oscuro que lleva consigo... ¿por qué no puede compartirlo conmigo? ¿Por qué siente que debe cargar con ello solo?
El dolor en mi pecho se intensifica. Es como si algo dentro de mí estuviera a punto de romperse, una grieta que se expande cada vez más con cada latido de mi corazón.
Cierro los ojos, intentando calmarme, pero es inútil. La tormenta en mi interior se desata con furia. Una oleada de energía cálida y salvaje recorre todo mi cuerpo, como si algo que siempre estuvo encerrado ahora buscara salir desesperadamente.
De repente, el viento comienza a soplar con fuerza. Las hojas de los árboles danzan frenéticamente a mi alrededor, y el mundo parece responder a mi angustia. Puedo sentirlo, no solo el aire que me rodea, sino su fuerza, su movimiento. Y sé que soy yo quien lo provoca.
—¡Detente! —me digo a mí misma en voz baja, pero mi cuerpo no me escucha.
Abro los ojos y veo cómo las ramas de los árboles se doblan peligrosamente bajo el embate del viento. Mi respiración se acelera, y un calor insoportable comienza a emanar de mis manos.
De pronto, una chispa roja y brillante surge de mis dedos y, sin querer, la dirijo hacia un árbol cercano. En un instante, las llamas lo envuelven, iluminando la oscuridad con un resplandor feroz.
—¡No, no, no! —grito, pero ya es demasiado tarde.
El fuego crece rápidamente, consumiendo las ramas y hojas mientras crepita con una intensidad que me aterra. Quiero apagarlo, pero no sé cómo. Mi cuerpo tiembla, y el viento sigue rugiendo a mi alrededor, avivando las llamas en lugar de sofocarlas.
Caigo de rodillas al suelo, con el rostro entre las manos, sintiéndome completamente fuera de control. Mis lágrimas caen, pero no logran extinguir el fuego ni calmar la tormenta dentro de mí.
—¿Qué soy? —susurro, mi voz apenas audible entre el rugido del viento y el fuego.
Es como si el universo estuviera dándome una respuesta a través del caos. Soy un peligro, tanto para mí como para quienes me rodean. Lorenzo tenía razón en alejarse de mí. ¿Cómo podría estar cerca de alguien cuando ni siquiera puedo confiar en mí misma?
Poco a poco, el viento comienza a calmarse, y las llamas del árbol se extinguen, dejando tras de sí un tronco ennegrecido y humeante. Me siento exhausta, como si todo mi cuerpo hubiera sido drenado de energía.
Me quedo allí, en silencio, con la mirada fija en el árbol quemado, sintiendo la inmensidad de mi poder y el terror que viene con él.
"¿Qué pasará cuando no pueda controlarlo?", pienso mientras el miedo se instala en lo más profundo de mi ser.
Llego a casa, observo a Ester sentada tomando café, ella me mira, pero sigo rumbo a mi cuarto sin decir nada, solo puedo pensar en lo que acaba de pasar, en lo que hice a un árbol, podía pasar con una persona, eso me atormenta, me da miedo, ser igual o peor que mi madre.
-Dime, ¿ocurrió algo que deba saber? – dice Ester entrando a mi habitación.
La miro con lagrimas en los ojos y solo me acerco a ella y lloro amargamente, no quiero hablar solo quiero dejar salir esto que estoy sintiendo ahora…