CAPITULO 13 EMOCIONES

1456 Palabras
CAPITULO 13 POV AURORA Llorar en los brazos de Ester es como liberar una tormenta contenida dentro de mí. Mi pecho se sacude con cada sollozo, mientras mis lágrimas empapan su hombro. Ella no dice nada, simplemente me sostiene, acariciando mi cabello con ternura. Es un momento de desahogo que necesitaba desesperadamente después de todo lo que pasó con Lorenzo. Cuando finalmente mi llanto se calma, levanto la cabeza y veo el rostro de Ester. Hay algo en su expresión, algo que no había notado antes: preocupación, pero también una sombra de duda, como si estuviera ocultándome algo. —Ester, ¿qué pasa? —pregunto, mi voz aún quebrada por las lágrimas. Ella evita mi mirada por un momento, lo que solo aumenta mi inquietud. —Aurora, no quería decírtelo aún... pero hay algo importante que necesitas saber. —¿Qué es? —insisto, mi corazón acelerándose de nuevo. Ester se toma un momento antes de hablar, como si las palabras fueran pesadas. —Hoy recibí noticias... —hace una pausa, suspirando profundamente—. Tiene que ver con tus padres adoptivos. Me quedo en silencio, esperando que continúe. —Han desaparecido. Alguien los tomó, y ahora están bajo amenaza. Mi pecho se aprieta, pero no sé qué sentir. Ellos nunca fueron cariñosos conmigo, pero, aun así, la idea de que algo les suceda por mi culpa me resulta insoportable. —¿Qué quieres decir? ¿Quién los tomó? Ester niega con la cabeza. —No sabemos quién está detrás de esto. Lo único que sabemos es que dejaron un mensaje claro. —¿Qué mensaje? Ella me mira directamente, sus ojos oscuros reflejando toda la gravedad de la situación. —Quieren que la chica con la marca en la espalda esté en el parque, dentro de dos días, a la medianoche. Dicen que es la única forma de dejarlos con vida. De lo contrario, los matarán. Un escalofrío recorre mi espalda, y mis piernas se sienten débiles. —¿La chica con la marca...? —repito en un susurro, llevando automáticamente mi mano hacia la espalda, donde sé que está el lunar de nacimiento que me ha traído tanto dolor y confusión. —Aurora, no sabemos quiénes son estas personas ni qué buscan exactamente. Pero no podemos arriesgarnos a que caigas en sus manos. —¿Y qué pasa con ellos? —digo, refiriéndome a mis padres adoptivos. Mi voz suena más fría de lo que esperaba—. No puedo dejarlos morir. —No digo que lo hagamos —responde Ester rápidamente—. Pero tenemos que pensar en un plan, no podemos lanzarnos al vacío. El peso de sus palabras me golpea. Mi mente se llena de preguntas: ¿Quién me busca con tanta urgencia? ¿Por qué mis padres adoptivos fueron secuestrados justo ahora? ¿Tiene esto algo que ver con Lorenzo y su familia? —Aurora, escúchame —dice Ester, interrumpiendo mi espiral de pensamientos—. Por ahora, necesitamos enfocarnos. Si vamos a enfrentarnos a lo que viene, tú tienes que estar preparada. No sé qué tipo de trampa podrían habernos tendido, pero no pienso dejar que te lleven sin luchar. Asiento lentamente, aunque por dentro siento que mi mundo se desmorona aún más. —Está bien. Dime qué tengo que hacer. Ester suspira, aliviada de ver que no estoy cayendo en la desesperación. —Primero, quiero que descanses. Necesitas fuerza para lo que viene. Mañana empezaremos a trabajar en un hechizo para tratar de descubrir más sobre ellos, su ubicación y sus intenciones. Miro hacia la ventana, mi mente en el parque y en esa cita siniestra en la medianoche. La sensación de que algo mucho más grande se está moviendo a mi alrededor no me abandona. Mientras cierro los ojos, me prometo a mí misma que, sea quien sea el enemigo, no me rendiré. Y que no importa cuánto miedo sienta, estoy dispuesta a enfrentar lo que venga. A la mañana siguiente, después de una noche inquieta llena de sueños confusos y pesadillas, me siento frente a Ester en la sala principal. La mesa está cubierta de libros antiguos, velas encendidas y frascos llenos de hierbas que apenas reconozco. —Vamos a intentar un hechizo de localización —me explica Ester con calma—. Si lo hacemos bien, podremos rastrear el lugar donde están tus padres adoptivos, o al menos recibir una señal que nos indique si aún están... con vida. Su pausa me llena de una angustia que trato de ignorar. —Está bien, haré lo que sea necesario —respondo con más determinación de la que realmente siento. Ester empieza a preparar los elementos, recitando instrucciones mientras me guía. Pero mientras seguimos, siento un peso en mi pecho que no puedo ignorar. Finalmente, me atrevo a hablar. —Ester, hay algo más que debo contarte. Ella levanta la vista de un libro que está consultando, con los ojos llenos de curiosidad y preocupación. —Dime, Aurora. —Desde hace días... he tenido sueños extraños. Siempre aparece la misma mujer. —¿Una mujer? —pregunta Ester, entrecerrando los ojos. Asiento lentamente. —Es alta, tiene el cabello oscuro y los ojos fríos, como si estuvieran vacíos. Me mira como si quisiera atravesarme. Su presencia me da miedo, pero no puedo apartar la vista de ella. Y lo peor es que cada vez que sueño con ella, siento un dolor terrible en el pecho. Es como si mi corazón estuviera siendo aplastado. Ester se queda en silencio, evaluando mis palabras. —¿Crees que es solo un sueño? —pregunto, aunque ya sé la respuesta. —No lo es —responde con seriedad—. Esa mujer no es producto de tu imaginación. Alguien está intentando llegar a ti a través de tus sueños. —¿Por qué? —susurro, sintiendo el escalofrío en mi piel. —No lo sé todavía. Pero puedo decirte algo: esa presencia no es buena. Podría ser Morgana o alguien enviado por ella. El nombre de mi madre biológica me llena de una mezcla de miedo y repulsión. —Lo peor de todo es que cuando sueño con ella... mis poderes se descontrolan —admito en voz baja—. Es como si estuvieran conectados a ella de alguna manera. Ester me observa detenidamente. —Eso confirma que es alguien muy poderoso, alguien que conoce tu naturaleza y quiere manipularte. Por eso tenemos que fortalecer tu mente y tu espíritu. Si ella tiene acceso a tus sueños, podría intentar usarlos para hacerte daño o controlarte. Respiro hondo, tratando de asimilar sus palabras. —Por ahora, concentrémonos en el hechizo. Necesitamos encontrar a tus padres adoptivos antes de que sea demasiado tarde. Ester coloca mis manos sobre un mapa extendido en la mesa y enciende más velas a nuestro alrededor. —Cierra los ojos —me indica—. Piensa en ellos. En sus rostros, en sus voces, en cualquier detalle que los defina. Lo intento, aunque no es fácil. Mis recuerdos de ellos son vagos, marcados por su dureza y frialdad, pero me esfuerzo por enfocarme. A medida que lo hago, siento un calor en mis manos y un leve zumbido en mis oídos. —Ahora, repite conmigo —dice Ester, y comienza a recitar unas palabras en un idioma que apenas puedo comprender. La energía en el ambiente cambia. Puedo sentir algo moviéndose, algo que responde a nuestra invocación. Pero, de repente, una imagen aparece en mi mente: la mujer de mis sueños. Su rostro se mezcla con los de mis padres adoptivos, y un grito ahogado sale de mis labios. Las velas se apagan de golpe, y el mapa queda cubierto de cenizas negras. —¡Aurora! —grita Ester, sosteniéndome antes de que caiga al suelo. —Lo siento... No pude controlarlo. Esa mujer... estaba ahí otra vez. Ester me ayuda a sentarme, sus ojos llenos de preocupación. —Esto no es bueno —dice en voz baja—. Ella está interfiriendo. Quiere que falles, Aurora. Y está usando tu conexión con tus poderes para hacerlo. —¿Qué hacemos ahora? —pregunto, sintiéndome más perdida que nunca. —No podemos detenernos. Tenemos que encontrar otra forma de rastrearlos. Pero tienes que ser más fuerte, Aurora. No puedes dejar que ella controle tus emociones ni tus poderes. La determinación en sus palabras me da fuerzas, aunque sé que no será fácil. —Lo intentaré —prometo. Mientras Ester se prepara para otro intento, mis pensamientos vuelven a Lorenzo. Su advertencia de alejarme de él resuena en mi mente, pero no puedo evitar sentir que nuestras historias están entrelazadas de alguna manera. ¿Será él la clave para entender quién soy y qué papel juego en todo esto?
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