Camila Recorrer la suite fue como caminar dentro de una revista de lujo, cada rincón parecía hecho para robar suspiros. El piso relucía como espejo y las paredes tenían detalles en dorado que parecían trabajados a mano, y la decoración era moderna pero con un toque elegante que me hacía sentir en un mundo distinto al mío. La vista… bueno, la vista era otra cosa. Desde esos ventanales gigantes podía ver todo Los Ángeles extendiéndose como un océano de luces y movimiento. A lo lejos, las colinas con sus mansiones brillaban bajo el sol, y más cerca, las avenidas se llenaban de autos y gente que parecían piezas diminutas de un tablero en constante cambio. Mientras caminaba, no pude evitar hacer un cálculo mental —muy mental y muy rápido— sobre cuánto costaría pasar aunque sea unas cuatro noc

