Camila El salón era inmenso, tan amplio que mis ojos tardaban en abarcarlo todo, las lámparas de cristal caían como cascadas de luz desde el techo alto y reluciente, iluminando cada rincón con un resplandor dorado que parecía volver mágicos los movimientos de la gente que se deslizaba entre mesas, copas y sonrisas calculadas, cada detalle estaba pensado para impresionar, desde los arreglos florales con rosas blancas y lirios perfumados hasta los manteles de seda que cubrían las mesas redondas, en cada esquina había un camarero con charolas llenas de copas de champagne y vino, y el aire estaba impregnado de perfumes caros que se mezclaban con el sonido elegante de una orquesta tocando en vivo. Sentía que caminaba dentro de un sueño, y al mismo tiempo no podía evitar un nudo en el estómag

