Camila Llevaba más de cuatro horas dando vueltas en el sofá, con el teléfono en la mano, sin animarme a hacer la llamada. Tenía el número de Jackson escrito en un papelito que guardé con tanto cuidado como si fuera un billete de lotería premiado. Lo saqué, lo volví a guardar. Lo leí una y otra vez como si pudiera adivinar algo más allá de los dígitos. ¿Por qué me sentía así por alguien que apenas conocía? ¿Por qué, con solo pensar en su sonrisa, mi pecho se llenaba de una especie de calor suave y dulce? Era una sensación completamente distinta a la locura que me provocaba Erick. Esto era... tranquilo. Esperanzador. Y eso me asustaba aún más. Pero al final me armé de valor. Marqué el número. Y esperé. —¿Hola? —Hola, Jackson... soy Camila la chica de hoy en la mañana. —¡Camila! Vaya, no

