El paisaje era tan extraordinario, nunca me lo pudiese imaginar, todo era tan hermoso y diferente, nada que ver con el suburbio que vivíamos constantemente. Si podía jurar que parecía un nómada que visitaba la ciudad por primera vez. Daniell hablaba por teléfono en un perfecto ruso, no pensaba que dominara otros idiomas. Los campos verdes tenían un olor tan diferente, la brisa que pasaba a través de la ventanilla del auto era tan acogedora, me hacía temblar de frío pero por nada del mundo quisiera cerrarla, la manos de mi acompañante paseo por mi pierna y cuando lo mire sonrió. Que joven se veía. Había soltado su móvil y me prestaba atención. — ¿ A dónde vamos ? — Pregunté con curiosidad. — Pensé que te gustaría visitar un pueblo, quiero mostrarte cada parte de este país, lo disfrute

