Jordan Vi a Leonida llegar y no dudé en correr hacía él para saludarlo. Aún tenía el cabestrillo en el brazo producto de la bala de Fabrizio, sin embargo, parecía más saludable que la última vez. –Me alegra ver que esa sonrisa tuya sigue allí. –me abrazó galante y con dulzura– –¿Cómo estás? ¿Te sientes bien? –Nunca estuve mejor, aunque para serte sincero, es la primera vez en varios días que me libró de los cuidados de Bianca. Por un momento llegué a creer que era mi sombra. ¿Y cómo no iba a serlo? Él había recibido una bala por ella, además, era obvio que entre ellos estaba creciendo algo de lo que apenas se daban cuenta. –No tenemos casi nada de comer pero quedó algo de Tiramisú en la cocina ¿Quieres? La situación no era la mejor, siquiera trataría de hacer la espera un poco me

