Alexander Cuando levanté la mirada ya no vi a Piero en ninguna parte del lugar. La herida de Irene seguía siendo presionada por Jordan mientras ella trataba de contener el shock y las lágrimas pese a que en el fondo también sabía que no se podía hacer más. –Jordan, basta… Basta, déjala ya. Susurré con impotencia y la vi apartarse, tanto de mí como de todo. –Señorita Jennifer Praga, señor Bellini. Escuchamos decir al primer policía que ingresó a la escena. La vi negar mientras batallaba con sus propios pensamientos, entonces sentí que se le habían cruzado los cables. La impresión de tener frente a ella al ahora cadáver, le jugó en contra. –Yo no soy Jennifer. Yo no soy Jennifer, no soy Jennifer ¡No soy Jennifer! Gritó fuera de sí. –Señorita cálmese, estamos aquí para ayudar.

