Jordan En el comedor Praga habitual faltaban dos personas, Antonella y Fabrizio. En su reemplazo se encontraban Chiara, Samuel y la abuela, quien evitaba mirar a toda costa a Nicolás por alguna extraña razón. Era la primera vez que nos reuníamos tras el funeral de Jennifer y la primera en la que nos acompañaba el abuelo tras autoexiliarse en su habitación. La mesa estaba llena de comida y bebidas deliciosas, aunque ni siquiera eso provocó el apetito en varios de allí. –¿Y bien? –preguntó Alexander directamente, rompiendo aquella quietud incómoda– No creo que estemos aquí para mirarnos las caras. Por primera vez agradecí su poca paciencia e inexistentes ganas de darle tantas vueltas a un mismo asunto. Gabriel empezó con lo que sabía para liberar tensión. –Fabrizio fue enterrado ayer.

