Marcela Ver a Alexander y Jordan llegar con su nueva pequeña en brazos me dejó en claro que no podría esperar un final feliz, igual o semejante al suyo No lo merecía. Todos gritaron “Bienvenidos” en cuanto mi hermana menor puso un pie en casa. Se acercaron a vislumbrar a la nueva vida naciente, proveniente del amor que se profesaban y que nos quedaba claro era real. Tenía que serlo después de todo lo que habían pasado para mantenerse al lado del otro. La vi ingresar con aquel pequeño cuerpo envuelto en una manta rosa y no supe bien cómo reaccionar, quise acercarme para decirle sinceramente que me alegraba que el parto hubiese salido bien, que estaba contenta de que estuviera de nuevo en su casa y que le deseaba lo mejor en su etapa como madre, pero, mi padre se encargó de sostener a

