Epílogo: Bienvenida Luciana

1373 Palabras

Alexander Nunca había visto un ser tan perfecto.  Supe que sus pulmones eran fuertes cuando el llanto desesperado se oyó en toda la sala y vi su pequeño cuerpo ser sostenido por el doctor, quien no dudó en pasarla a la enfermera para que nos la mostrara a mi y a Jordan. Era tremendamente pequeña y delicada, pero extendí mi mano y sujetó mi pulgar con firmeza ¡Esa era mi chica!. Unas diminutas ondas castañas se asomaban en su cabeza, su rostro sonrosado combinaba con ellas, dándole un aspecto de otro mundo.  Me costó creerlo. Mi esposa me había dado un regalo invaluable, el más importante de mi vida.  –Es preciosa –admití con lágrimas en los ojos– se parece a ti. Es perfecta, es mejor de lo que imaginé… Jordan asintió igual o más emocionada que yo.  –Tiene tus ojos, rogué todos los d

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