Alexander Al abrir los ojos me encontré en un entorno totalmente diferente. El ambiente no olía a playa y el cielo estaba lleno de nubes como en el campo más natural que alguna vez pude ver en televisión. Me senté y descubrí que estaba en medio de una gras que parecía no tener fin. No había dolor o incomodidad, solo duda. Cuando me logré poner de pie vi que el horizonte todo cambiaba, existía un puente de piedra que ayudaba a cruzar un pequeño estanque de agua cristalina. A su lado se encontraba una banca, en la que una chica castaña estaba sentada de espaldas a mi posición. Reconocí ese cabello y esas ondas, sin embargo, su porte no pertenecía al de la persona que creía. Caminé tan rápido como pude hasta alcanzarla, su quietud solo me anunciaba que sabía que yo llegaría y no estaba

