Alexander No había día en el que no pensara en tener el cuello de Luca Praga en mis manos para apretarlo con saña hasta hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. Por las noches imaginaba como mi madre debió haber reaccionado ante la evidencia de su supervivencia y sus fuertes deseos por solucionar todas las cosas, aquello solo me hacía detestar aún más el hecho de que lo tuve enfrente y no le hice nada. Afortunadamente Jordan siempre estaba cerca para espantar aquellos pensamientos y hacerme dormir tranquilo. –Tu padre era muy parecido a ti. –me dijo Mauricio sentándose a mi lado del columpio en el Jardín. Su voz no interrumpió mi solitaria calma o el cigarro a medio acabar en mi mano– Protegía a tu madre con su vida, como si para él la suya no importara. Recuerdo que solíamos beb

