Alexander Nunca antes había sentido una desesperación semejante. Me levanté del suelo y mi mente me llevó a ese mismo día por la mañana, cuando había besado y acariciado cada parte de su cuerpo en la bañera. Me había ocupado de proclamarla mía una vez más y ahora la estaban alejando de mí. Vi a Michaela llorar y me reconfortó un poco al menos saber que físicamente se encontraba bien. Caminé de regreso al estacionamiento con una sola idea en mente, coger un auto e ir a buscarla a donde sea que estuviera. –¿Alex? ¿Qué harás? Cuestionó Michaela entre sollozos animándose a seguirme. La ignoré y salí de allí en busca de un auto, cualquiera que me permitiera ir en busca de mi castaña. Llegué hasta uno que parecía ser de la familia por las iniciales de la placa, traté de abrirlo y me di

