Ronald

2595 Palabras
¿Que tanto se podía complicar la situación con la llegada de los invitados no deseados? ¿qué tanto poder tenía el diablo para manejar todo a su antojo? Para el diablo era bueno saber algunos chismes de calle de sus dos grandes amigos que ahora eran sus más fieles oponentes. Conocer los secretos aveces te da el poder para manipular a tu antojo. Eso lo había hecho el capitán con el Ángel de la muerte y cabello de Ángel. —Tú no te quejas, yo no me quejo. Y todos somos felices—guiñó el ojo mientras que el Ángel de la muerte estaba eufórico por la rabia, y cabello de Ángel sintiendo estar en las manos del diablo —Yo creo que los superiores no querrán saber que son unos traidores y le roban al estado—sonrió divertido pasándose el pulgar por los labios—.Seria una lástima que los llevarán a la horca. —¡Vete al infierno Ax!—declaró cabello de Ángel furiosa. —Cariño, ya estoy ardiendo en él—y con otro guiño de ojo salió de la cueva del Ángel de la muerte. El capitán Schulz con su uniforme impecable recibió a todos los superiores desde los más alto rangos hasta los de menos que él. Todos pasaron por las barracas, los hornos, las cámaras de gas. El jefe, el coronel William Schmidt elogió el manejo que se estaba llevando en esa cárcel de máximo seguridad. El diablo no era tonto, era muy precavido gracias a el aviso que Ronald le había dado. Te están investigando. Asimismo, fueron a un salon de juntás donde se reunieron para debatir y discutir situaciones de Auschwitz, y los pronósticos de la guerra. Aún se debatía quien ganaría la batalla, los soviéticos eran fuertes, pero los alemanes también. El jefe después de comer se inclinó hacia adelante con sus manos entrelazadas en su regazo para sacar el tema de conversación sobre el comportamiento del capitán Schulz, la cual, el Angel de la muerte respondió: —Fue una falsa alarma, lamento haberme quejado. El comportamiento del capitán Schulz ha sido impecable—sonrió lanzándole una mirada de odio a Ax. Este mismo le dió un guiño de ojo. —¿Apoya la opinión de Mengele, teniente?— ahora miraba a cabello de Ángel. —Totalmente de acuerdo señor. En Auschwitz.tratamos de llevar las cosas lo mejor posible.Como usted mismo pudo ver con sus ojos—cabello de Ángel fulminó con la mirada a Ax, y este le lanzó un beso desde la distancia. Ronald estaba atónito ante las respuestas de los dos enemigos de su mejor amigo. Era interesante y divertido saber como el diablo había manipulado todo a su favor y antojo. Maravillosa jugada Ax. —Bien, y... ¿la hija del judío de mierda ese?... como se llama... Hoffman. El capitán se removió de su asiento expectante. . Cabello de Ángel sonrió mostrando sus dientes alineados y perfectos. —Esta recibiendo en mismo trato que las otras en la barracas señor—musitó la rubia, dándole una mirada lujuriosa a su diablo. —Quiero verla capitán Schulz antes de marcharme. La expresión de Ax era de total seriedad. No dejaría que el jefe le tocara ni un pelo a Juno. —Así será señor. Ronald miraba con cautela la expresión de su amigo que se había ensombrecido un poco. A la mesa donde estaban reunidos llevaron muchísima comida deliciosa, desde pollo, carne, batatas, pan y vino donde degustaron el alimento preparado. A la noche, Ax hospedó a varios superiores en su casa impecable gracias a Miriam, Stella y Agatha que se habían esmerado por tener todo lo mejor posible para la llegada de los soldados. Ronald también se quedó en casa de su amigo. El capitán le dió un abrazo con alegría una vez estuvieron ambos solo. —¡Que alegría de verte Ax!—dijo Ronald con una sonrisa. Fue una maravillosa jugada lo de hoy. Tenias que verle la cara a ese perro de Mengele cuando tuvo que decir cosas buenas de ti, juro que quería reírme, la trataste como su perra. Ax se rió un poco serio. —¿Que pasa? todo está saliendo bien. —El jefe quiere ver a la hija de Hoffman. —¿Y eso qué? Inspiró hondo. —No quiero Ronald, temo a que quiera hacerle daño, o peor aún, tomarla a la fuerza. El muchacho de ojos grises levantó una ceja. —Lo dices con dolor querido amigo. Ya se lo que está pasando aquí. —¿Que?—frunció el ceño el diablo. Ronald se pasó la mano por su barba recién afeitada. —Estas enamorado de la judía. Para el capitán escuchar la palabra "enamorado" le daba un ataque de risa, podía asegurar que no lo estaba, solo que se había acostumbrado a Juno. —Si claro, ríete todo lo que quieras. Pero esa actitud significa solamente una cosa Ax, y se llama amor. Aunque no creas en él, ese sentimiento no deja de existir. —Solo me acostumbré a ella, eso es todo. Esta vez Ronald se rió. —Ay diablito, no te culpo, en el corazón no se manda. Aunque lo niegues, la hija de Hoffman te tiene lamiendo del piso. ¿Y sabes porque lo sé? El capitán se rascó la cabeza curioso. —¿Por que? —Porque también estuve enamorado. Amé a Elisa con toda mi alma hasta el día que se marchó de este mundo. Y tenía esa misma mirada de loco enamorado al hablar de ella—Ronald suspiró triste—. Hubiera hecho un trato hasta con mismo Dios para intercambiar lugares Ax. Desde su muerte, nunca he vuelto amar con la misma intensidad. Ax se le quedó mirando pensativo, con el corazón palpitante y preocupado en solo imaginar que Ronald tenía razón. —Subamos a la azotea, allí hablaremos con más liberta. Abrigate, aún está nevando—ambos amigos se fueron a la azotea que quedaba en una de la puerta de la zona prohibida. El frío era feroz, no obstante, podían sincerarse sin ser escuchado por nadie. El diablo se sentó sobre la nieve que caía, y Ronald se incorporó a su lado. —Tengo tanto sentimientos encontrados Ronald que he perdido la visión, me he ablandado. Su amigo sonrió de medio lado. —Amigo mío, estás enamorado, y el amor doblega. —No, me está siendo débil. —Y eso está bien Ax, no todo el tiempo tienes que mostrarte fuerte. Tu problema es que eres lo demasiado altivo para aceptarlo. —Es judía... —¿Y?. Ax el corazón es así, no se elige de quien se enamora, solo sucede y tienes que aceptarlo. Además, te enamoraste de ella antes de traerla a Auschwitz. ¿Recuerdas? en esa fiesta cuando la viste por primera vez, quedaste impactado por su belleza y en la forma en que tocaba el piano—blanqueó los ojos—.No dejabas de hablar de ella. Así que a mi no me vengas con ese mierdero en la cara de que es judía, o que no puedes enamorarte. Solo reconoce lo que siente, por el amor a dios. Realmente Ax, ¿que sientes por ella? Ax se sumió en los momentos junto a Juno. —Es bonita, interesante, me odia, no se. Yo.. yo quiero que siempre esté conmigo, no quiero perderla, ni que se vaya, y sé que si terminamos mal la guerra quedará libre lejos de mí. Yo Ronald, yo... la amo. —Eso esta bien amigo, pero es parte del amor dejarla ir si perdemos la guerra. Si la amas de verdad dejará que ella se vaya de Auschwitz antes que comience el caos. Ax palideció. —No, Ronald ¿de puta madre que estás diciendo? —La verdad. Si amas a esa judía la dejarás libre. —No puedo hacerlo, no puedo vivir sin ella. —Pero tampoco la puedes dejar prisionera para siempre Ax. Déjala decidir si irse o quedarse a tu lado. —Se marchará... —Eso no lo sabes amigo. —Lo sé Ronald, sé que cuando la libere de este trato huirá de mi, me abandonará así como me abandonó mi madre. —Lo siento. Fritz me contó sobre tu madre, ya sabes, es doloroso Ax, pero en esta guerra no eres el único que has perdido algo—.Mira a Juno, ha perdido a su padre, a su madre y su comodidad en un solo día. O ve a los hombres de rayas que se forman todos los días, cada uno han perdido algo valioso para él, y lamento decírtelo de esta manera amigo mío, pero es la verdad. Por eso hago lo que hago. Ronald se levantó del suelo lleno de nieve. El diablo se le quedó mirando con curiosidad. —¿Que estas haciendo Ronald? El hombre vaciló un poco antes de responder. Ax también se alzó con curiosidad. —Me dijiste en la carta que querías contarme algo. Yo fui honesto contigo ahora es tu turno. Los ojos grises de Ronald se posaron en su amigo. —Soy parte de la resistencia Ax—la expresión tan fría de su amigo lo aturdio. Soy parte de la resistencia. —¿Que carajos Ronald? ¿te has vuelto loco? ¿me estás tocando las bolas o que? —Te digo la verdad. Estoy ayudando a los judíos a escaparse. —De puta madre—se llevó Ax sus dos manos a la cabeza—.¿Por qué? —Porque vamos a perder Ax, los soviéticos están ganando, nos están metiendo el pito donde es. Vamos a estar jodidos si llegan a Berlin. —El jefe dijo... —El jefe miente Ax—repuso Ronald—.Si llegan a Berlin ¿sabes que significa? morirán nuestras mujeres, nuestros niños. ¿Sabes que nos pasará a ti y a mi por llevar este uniforme? nos torturaran, nos mutilaran, seremos objetos de burla. Nuestra única salida son ellos, los esclavos, los judíos, los gitanos. Podrían testificar a favor de nosotros. —Ronald es muy arriesgado, ¿sabes lo que te pasará si te descubren? morirás como un traidor. —Prefiero morir como un traidor que como un cobarde Ax, La guerra se salió de control desde hace mucho. Desde que a Hitler se le dió la perra gana a aniquilar judíos. Ese odio racial nos llevó perder—Ronald se aproximó a Ax—. El jefe te ordenará que mates a todos aquí en las cámaras de gas, te lo dirá antes de marcharse pero amigo, yo te propongo que hagamos una fuga, que resistamos lo más que podamos para que algunos puedan escapar, incluyéndola a ella. —No, estas loco.¿Vez la magnitud de lo que me estás proponiendo? puedo decirselo al jefe Ronald. —Lo sé, pero tu no eres un traidor con lo que consideras tu familia Ax. Y esta nación te dará la espalda después de haber perdido. Por eso te suplico que luches conmigo, eres bueno disparando. Te prometo que a Juno la estarán esperando para acogerla y así ella pueda seguir su vida. —Una vida sin mi. —Deja de ser egoísta y de pensar en ti diablo. —No puedo, no puedo imaginarme un mundo donde no termine con ella Ronald. j***r entiendelo. —Ax, te entiendo, pero ella ahorita no te ama voluntariamente. Quizás, ni siquiera te ame, ni quiera un juntos para siempre contigo. Tienes que dejarla ir Ax, y eso es parte del amor. El capitán resopló riendose. —La amo Ronald, y en nombre de este amor tan grande juro que me destruiría a mismo si mi Ángel de luz se va. —Hermano, amigo, escúchame bien, tu Ángel de luz, brillará en su propio camino, en sus propias decisiones. Si ella es tuya, en algún momento regresará a ti, pero si no lo es, la sacarás de este asqueroso lugar—Ax lo miró con nostalgia –. Amigo, ayúdame, no te prometo que sobreviviremos, pero si te prometo que nuestras conciencias estarán en paz. Y si morimos, lo hacemos para salvar, para ayudar a los indefensos e inocentes. Juno es inocente, su hermano es inocente, muchas de estas personas que están aquí son inocentes. Piénsalo, y dame una respuesta antes de marcharme. Voy a sacar a unos judíos que están en Berlin, y necesito tu apoyo. —¿Cómo? —Tú llegada podría distraer a todo el consulado y los guardias, aunque no lo creas eres muy popular por la malicia que tienes. Si decides ayudarme, tú estadia en Berlin servirá para planear la fuga Ax piénsalo. El capitán tenía el corazón demasiado palpitante, tenía una leve sensación de que todo se estaba saliendo de control. Después de hablar con su amigo terminó mal. Acto seguido, se dirigió a su alcoba encontrándose con Juno ya dormida, y sentándose a su lado la miró mientras reposaba. Estaba toda arropada, con sus pestañas largas, sus labios entre abiertos. La amo. Tienes que dejarla ir. No podía, dejarla ir era como arrancarse el corazón mismo. Ella tiene que decidir por su propia cuenta Ax. Quizás ni te ame. Se acostó a su lado y la abrazó con todo el amor que pudo, susurrandole al oído: —Te amo. Sin embargo, Juno se encontraba profundamente y no escuchó las palabras del diablo. En la mañana Ronald deambulaba por la casa, le gustaba leer y tenía en sus manos un libro de novela policíaca, Agatha Cristine. No amaba sus novelas pero le entretenía un descubrir quién era el asesino. Los demás soldados que se habían hospedados se habían marchado junto a Ax, y él se quedó en la casa con la intensión de leer, no tenía ánimos de ver cadaveres ni gente que ya eran huesos. Desde la sala, lanzó una mirada a la cocina hasta fijarse que una mujer de cabello rojo muy corto, con pecas en las mejillas, y una mirada triste, que buscaba algo que comer, esta parecía no darse cuenta que el nazi sentado en la sala le había visto. Agatha, no había salido del cuarto desde que llegaron los soldados no deseados. Se había recuperado un poco, los primeros días que llegó a la casa del diablo comió como si no hubiera un mañana. —¿Tienes hambre?—dijo Ronald. Agatha se sobresaltó, bajando la cabeza en silencio —Tranquila come, no te haré daño. No obstante, Agatha ni se movió. —¿Cómo te llamas? —Yo... me llamo Agatha. Abrió los ojos complacidos enseñándole el libro. —Mi escritora de misterio también se llama Agatha. Dime, ¿eres judía? —No señor. Soy gitana. —Ya veo, gitana—miró a Agatha coqueto acariciandose el mentón—. Eres muy hermosa Agatha. La chica abrió los ojos como plato asustada. —Tranquila, no te asuste, no me aprovecharé de ti. Solo digo que... haré como no te hubiese visto y tomarás comida ¿de acuerdo? Ronald se retiró, sentándose nuevamente en el sofa, concentrándose en la lectura. Agatha tomó alimentos encerrándose en su alcoba. ### Ax estaba exasperado en la sala de juntas cuando el jefe dió la orden de traer a Juno. Si le tocas un pelo, te reviento. Iniciar una guerra de balas en Auschwitz sería catastrófico, pero no dejaría que le dieran más sufrimiento del que ya tenía. Igualmente, no dejaría que otro hombre que no fuera él la tocaran. Estaba listo. Listo para matar si era necesario. ☆☆☆ Los leo
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