El primer regalo

2831 Palabras
Ronald sentado en el sillón con las piernas cruzadas mientras leía, suspiró de fastidio cuando tocaron la puerta. Ya estaba cómodo en su lectura, y en la parte más interesante donde se iba a descubrir el asesino lo interrumpían. No me jodas. Se levantó blanqueando los ojos, encontrándose con un soldado. —¿Que coño quieres? espero que tu petición sea lo suficientemente buena como para interrumpir mi lectura. Fritz peló los ojos. —Ronald, han mandado a buscar a la judía, a la hija de Hoffman. El ojos gris se llevó la mano a la barbilla. —Interesante Fritz, personalmente yo mismo la llevaré. —¿Seguro? —Segurisimo. Estas viejas no han salido de su habitación ni para cagar, solo una se arriesgó. Tranquilo, vuelve a tu lugar, yo me encargo. Ronald dejó el libro a un lado tocando la puerta de la habitación de su amigo. Estaba seguro que Ax haría alguna locura si el jefe se metía con el objeto de su deseo. Juno abrió la puerta con miedo, bajando la mirada. —Tú debes ser Juno. Ella no respondió. El hombre le dió dió una mirada dándose cuenta del vestido vinotinto que llevaba. —¿No tienes otra ropa? otra que diga que no eres privilegiada por el diablo. Un uniforme. Asintió. Cerró la puerta momentáneamente mientras se cambiaba de atuendo. Luego, salió nuevamente con la ropa de todos los presos. —Eso está bien... ¿Sabes a donde te llevamos? Ella negó con la cabeza. —Vas a ir a donde el jefe, nuestro jefe. No sé porque quiere verte, o si solo quiere matarte. Sígueme—Ronald caminó a la puerta y Juno le siguió en silencio como un cordero detrás de su pastor. Lo cierto es que Ax está dispuesto a cometer una locura por si te tocan un pelo. La joven arrugó las cejas confundida, tomándole el paso a Ronald. —¿Por que? —Querida, ¿tanto tiempo estando a su lado y no te has dado cuenta? —¿De que?—Ronald se detuvo en seco blanqueando los ojos, le enfurecia que las personas fueran tan ciega cuando lo evidente estaba frente a su vista. —Ax está hasta el cuello por ti. Enamorado es poco, podría decir, súper enamorado. Juno peló los ojos. —No, no es cierto. —Yo solo digo lo que veo y lo que sé. Y en estos momento sé que Ax va va a defenderte si ellos toman medidas de represalias contra ti. Hubo un silencio mientras la joven procesaba lo que el amigo del diablo le había dicho. Enamorado es poco, súper enamorado. —¿Por qué me ayudas? Ronald se limitó a mirarla. —Porque lo que le importa a Ax también me importa a mí. Una vez estuvieron en la puerta, el nazi se detuvo en seco fijando sus ojos grises en la muchacha que temblaba del miedo. —Es importante saber un par de cosas ¿bien?. Primero: responderá a todo lo que te pregunta y harás lo que te diga ¿si?. Aclaro, cuando digo que harás lo que te diga esta dentro de los límites que no te involucre física ni sexualmente con él ¿entiendes?. Bueno...—continuó hablando—.Seria fascinante emplear un código de advertencia por si te lleva a otro lugar, llámese habitación o algo por el estilo. Eso nos hará a entender que esta sucediendo algo extremadamente malo. Haz conmigo—silbó–. Hazlo. Juno hizo su mejor intento. —No, no, inténtalo de nuevo, con más fuerza. Otra vez lo hizo. —Estas mejorando. Finalmente el sonido se efectuó con más fuerza. —Bien. —¿Cual es la segunda cosa? Ronald arrugó las cejas tratando de recordar. —Creo que ya lo dije todo. Ambos entraron a la sala de juntas, cuando el diablo vio a Juno con la cabeza baja, con sus manos entrelazada y ese uniforme de raya, pensó que le daría un paro cardiaco, su corazón se encontraba tan acelerado por no correr, levantarle el rostro y decirle: confía en mi, estaré contigo El ojos grises le guiñó un ojo a su amigo, eso significaba que había un plan, aunque Ax no tenía ni idea. —Su excelencia, le traigo a la prisionera, a la hija del fallecido militar Hoffman. El jefe volteó los ojos con rabia. —Ni me nombres a ese perro. Mírame Juno, mírame. Rogaba Ax muy dentro de él, en los más profundo de su ser deseaba que su amor lo mirara. William Schmidt se levantó con su impecable uniforme que le sobresalía una panza, su cabello canoso al igual que sus bigotes, se acercó a Juno con su mirada de suficiencia. Una vez estuvo frente a ella, con violencia la tomó por sus mejillas para obligarla a ver esos ojos llenos de odios y crueldad. El diablo sintió un vuelco en el corazón al ver la escena, quería quitarle esas manos asquerosas de su jefe de la cara de Ángel de Luz. Ronald le hizo una seña de "detente" provocando que Ax se obligara a si mismo a no cometer ninguna estupidez. En Ángel de la muerte estaba allí, mirando todo, ansioso, expectante por tan gran espectáculo. Igualmente cabello de Ángel que en las sombras la miraba con desprecio deseando a que su jefe la matara. En cambio Juno, el miedo invadía cada rincón de su piel. Se sentía como gallina en medio de lobos feroces que querían devorar su carne. Temblaba tanto que su respiración estaba un poco fuera de sí. —¿Me tiene miedo?—escupió el hombre, acercándo su cara al de la muchacha. La joven no respondió, las lágrimas gruesas ya salían por sus mejillas. –Te odio, los odio, asquerosa perra judía— insultó, empujándola. La muchacha cayó al suelo. A Ax le dolió. Sin embargo, Ronald le impidió a que hiciera algo. —Señor, considero que no se, deberíamos llevar a la judía a su barraca, al menos que...—comenzó a hablar Ronald con diversión. —¿Al menos que? —Que la judía nos entretenga a todos. Escuché que canta muy bien, ¿no es así Mengele? Los dientes blancos de el amigo de Ax se mostraron. Todos los ojos cayeron en el Ángel de la muerte. —Es muy buena señor—expresó con una risita en su rostro. El corazón de Ax estaba al borde del colapso, no podía respirar en paz si Juno era el centro de diversión de sus compañeros. Los ojos del jefe cayeron en la muchacha y Ronald quiso estudiar las expresiones que el cerdo asqueroso efectuaba al mirar a Juno. William Schmidt había conocido a la hija del militar en la misma fiesta que Ax, y éste le había invitado a bailar, el cual, en medio del baile quiso sobrepasarse con ella, provocando que Juno reaccionara con una patada justo en sus bolas. Cerdo asqueroso. El Gestapo se acercó nuevamente a Juno inclinándose hacia ella, quedando a su nivel. —Ahora quien es el asqueroso aquí. Juno paró de llorar cuando supo que ese hombre era el mismo que hace más de un año atrás le había faltado el respeto en una fiesta que acompañó a su padre. —Me tendrás que chupar las bolas para no matarte—murmuró el jefe. —Tendrá que matarte cerdo asqueroso—una bofetada—.Me lo pagarás muy caro maldita judía. Cuídate, no vaya a ser que el infierno caiga sobre ti. Con los labios ensangrentado, Juno rió. —Hace mucho tiempo estoy ardiendo en el infierno. —Estupida, insolente—levantó su mano contra ella cuando Ronald se lo detuvo en seco. —Con permiso jefe, y perdone mi atrevimiento. Ninguno de nosotros entendemos el objetivo de traer esta judía a la junta donde nos reunimos todo. Le pido que nos ilumine a todos o regresemos a esta...—buscó una palabra ofensiva —.A esta puta a su barraca a seguir trabajando. El jefe la miró muerto de ira, personalmente, se encargaría de ella por su desprecio. Y aún, estando en condición de esclava se atrevía a despreciarlo. Esa maldita nunca saldría de Auschwitz. Se lamió los labios y para evitar dar explicaciones dejó que Ronald se la llevase. Eso no se quedará así, me la pagarás hija de puta. Te violaré, te mataré y luego te quemaré. Un día sólo estaremos tu y yo. Juno sintió que el cielo se le venía encima, ya era suficiente estar en las garras del diablo como para ahora ser la atención del jefe. Cerdo asqueroso... Imaginarse que él la tomara a la fuerza le dió asco, náuseas, ganas de vomitar. Tuvo que arrodillarse para dejar su estómago en la calle. Ronald que la miraba fijamente le ayudó a levantarse. —¿De donde conoces al jefe? —¿Como sabe que lo conozco? —Por favor, soy un buen observador. Si no te mató es porque quiere algo de ti antes de hacerlo. El corazón de Juno latió de preocupación con fuerza. —Quiere doblegarte, quiere tomarte. —Lo conocí en una fiesta que acompañé a mi padre. Me invitó a bailar, yo acepté. Pero el me hizo propuestas indecentes, y yo le pateé entre sus piernas. —Justo en las bolas es el punto débil de todo hombre. —Por favor, no permita que me haga daño. Por favor. —Ax lo mata primero a dejar que te toque. Un alivió de saber que el diablo la protegía hizo que su corazón se estabilizara. Cuando llegaron a la casa, Agatha, Stella y Miriam limpiaron la sangre de la boca de la joven. Reunidas en la cocina preparaban la cena cuando Ronald las interrumpió. Las cuatro mujeres palidecieron tanto que parecían un papel. Sin embargo, Ronald no tenía nada en contra de los judíos, más bien tenía lástima de esas pobres mujeres que tenían una historia fea en Auschwitz. Caminó directo a donde se encontraba el reproductor y dejó que el disco efectuara una música movida. —Me concede el honor de bailar conmigo—le extendió la mano a Stella y todas se alarmaron pensando lo peor. Por el gesto de todas, Ronald dedujo lo que estaban pensando. —No soy un pervertido, solo quiero bailar un poco. —Señor, no... no es correcto—dijo Juno. El ojos grises se le quedó mirando. —¿Por que no es correcto? —Ya sabe... somos judías, gitanas, polacas. —¿Y?... para mí siguen siendo unas damas. Me vale mierda su origen. No mido a las personas por su nacionalidad si no por lo que son, por lo que aportan, y lo valiente que pueden ser. Considero que si hasta ahora han sobrevivido a este infierno, es porque son mujeres guerreras, luchadoras, que se han sobrepuesto al dolor para algún día contar esta historia que marcará al mundo. Y siempre recordarán que un alemán chiflado nazi las invitó a bailar. Así que... ¿baila conmigo señorita? Stella asintió. —Por cierto, me llamo Ronald. —Stella señor—señaló a su madre—. Ella mi mamá Miriam, y ella... :Ya se, Agatha, y Juno. El hombre tomó a Stella de las manos comenzando a moverse con zancadas grandes la niña se echó a reír. Y así el amigo loco de Ax bailó con todas las esclavas de la casa. Hasta que llegó él. El diablo. —¡Demonio Ax, no seas aguafiestas! Ax que miraba desde la puerta de la cocina centró sus ojos en Juno, que haciéndole un gesto.le ordenó salir de la cocina para su despacho. La joven con los labios rotos bajó la mirada tras cerrar la puerta. No obstante, Ax se le quedó mirando como se miran las cosas que realmente se aman. —Estoy orgulloso de ti Ángel de Luz. La chica alzó el rostro. El diablo no aguantó más al regocijarse en los.brazos donde era feliz. En comerse esa boca que había anhelado. Juno respiró pegada a sus labios. —Nunca hubiese dejado que ese hombre te hiciera daño. —Ax, él me hará daño. Lo conocí en una fiesta me propuso hacer cosas indecentes y le pateé en la entre piernas. El capitán peló los ojos con una risita. —Así es mi amor, así es. Estoy orgulloso de ti —le besó todo el rostro. Juno no podía creer lo que había oído. ¿Acaso dijo mi amor? Recordó las palabras de Ronald. Enamorado es poco, súper enamorado. —Mi Ángel de luz, mi valiente—besó sus labios con ternura para no lastimar sus heridas—. No sabes la impotencia que sentí al ver como ese asqueroso ponía sus manos sobre tus hermosas mejillas. Si no fuera por Ronald, le hubiese volado el culo. La chica envolvió sus brazos en el cuello del diablo, correspondiendo a sus besos, sintiendo el calor de su cuerpo, lo suave que eran sus caricias. Él la subió al escritorio desnundadola lentamente, rozando sus yemas de los dedos con sus pechos delicados. Esta vez, las ganas de tocarse eran tan latente como su corazón que latía el uno por el otro. La atención que Ax le dió a Juno fue tan exquisita que se entregó a ella con el alma, colocando en sus manos su vida, su destino, sus sentimientos. Mientras disfrutaban del placer del hacer el amor de una manera donde ambos estaban en sintonía, pensando en el uno del otro, extrañandose, enamorados. Tanta fue la magia que Juno sintió que Ax era solo suyo, que todo él le pertenecía por completo. Esa noche no recordó a su padre, ni su madre, ni a su hermano, ni a Mara, ni todo lo malo que le había ocurrido en Auschwitz. Se dejó llevar por el corazón rindiéndose en los brazos del hombre que se había enamorado. Al terminar, Ax desnudo junto a Juno la acunó en sus brazos como si fuera un bebé. Acariciando su abdomen, su torso, sus muslos. —Cuéntame más de ti Juno—dijo. —No se, ¿qué quieres que te cuente? :De pronto, ¿cuántos años tiene?, o ¿qué te gusta comer? ¿qué te gustaba hacer? Juno pensó por un rato. —Cumplí 19, y me gusta... me gusta... quizás el chocolate, es lo más delicioso de esta vida. Amo el chocolate sin duda. Y... de hacer... amo la música con locura, y en un tiempo amaba la idea de casarme. —¿Ahora no? La chica miró esos ojos azules hermosos. —Pensé que me casaría con el hombre que se llevara mi virginidad. Ax soltó una risita. —Entonces, cásate conmigo Juno. Ella arrugó las cejas sorprendida. —Cada día me sorprendes. El capitán besó la mano de Juno entrelazando las suyas con las de ella. —Quiero darte algo Ángel de Luz—con sus dedos, jaló su pantalón para sacar unos aretes de.diamantes. Un nudo se introdujo en su garganta. —Los aretes que me regaló mi padre—recordó el día cuando se los arrancó a cabello de Ángel—. ¿Cómo? —Digamos que se los robe a cabello de Ángel—el diablo se rió. También tengo que darte otra cosa—sacó el crucifijo. Piensa en ti, sobrevive. Juno quiso llorar, sin embargo, Ax no se lo permitió, la abrazó con fuerza colocándole el crucifijo en su cuello. —Cuentame de ti Ax. —No tengo mucho que contar. —Algo debes de tener. ¿Que edad tienes? —Bueno 23. —¿Por que te apodan el diablo? El rostro de él se ensombreció. —Porque maté a mucha gente Juno. Es algo que en lo absoluto no estoy orgulloso. Para escalar un cargo debes de ser un.sanguinario a sangre fría, y así fui yo hasta que apareciste tú. Estaba con tu vestido rojo, tus labios pintados del mismo color. Quedé flechado desde ese primer día. —Entonces, me conociste mucho antes. El mismo dia que conocí a ... —Si, a ese cerdo asqueroso. Luego, te volví a ver, y... y... —¿Y? Ax quería decirle que se había enamorado, pero no pudo. —Quise tenerte para mi. Arruyó a la muchacha entre sus brazos hasta que está se quedó dormida. Asimismo, Ax la llevó envuelta en sábanas a su dormitorio para dejarla reposar. Ya no había música, ni las esclavas, solo Ronald que fumaba un cigarrillo. —Pareces un murciélago, despierto cuando deberías estar durmiendo. —No tengo sueño, estoy pensando... Ax bufó. —Creo que tu también lo estas pensando ¿verdad? Asintió el capitán. —Acepto Ronald, acepto ayudarte con los judíos, a lo de la fuga, con una condición. —¿Cual amigo? —Que Juno se vaya lejos junto a su hermano, y llegue bien a América. Solo quiero que ella esté bien aunque lejos de mí. ☆☆☆ Los amo... gracia por todo su apoyo.
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