Ax estaba frente a la mujer que amaba con todo su corazón y Juno mirando esos ojos azules que anteriormente en un día gris, lluvioso la habían cautivado. Era un día que él llegó convirtiéndose en su héroe, en el soldado más lindo que haya visto entre los que había conocido. El silencio entre ambos mientras Ax la acompañaba esa noche de diluvio decía más que muchas palabras juntas. Su rostro serio, sus ojos claros, sus pecas en las mejillas, su cabello oscuro, mojado al igual que su uniforme, sus botas que al caminar pisaba zancadas grandes de charcos, la autoridad con la que ordenó a los soldados y ellos obedecieron, el misterio que había detrás de tanta seriedad le parecieron a Juno muy interesante de indagar. Caminaban juntos mirándose el uno al otro con el rabillo del ojo, de una

