Narra Paula Al día siguiente, llego temprano a casa de Bastian y me sorprende su ausencia. La ama de llaves, Rose, me informa que se fue a la oficina. Esto significa que hoy solo estamos Carli y yo. La espero en el sofá, sacando mensajes de texto mientras se prepara. Cuando se oyen pasos en las escaleras, levanto la vista y le sonrío a Carli. Está vestida con un pequeño vestido de verano y tiene el pelo recogido en coletas. A veces Carli habla y razona como una adulta. En esos momentos es fácil olvidar lo joven que es. —Buenos días, Carli. —Buenos días, señorita Donovan —dice con una sonrisa diminuta, casi inexistente. Me pregunto si la pequeña se habrá despertado de mal humor—. No tomo clases aquí —me informa, con el ceño ligeramente fruncido. Le doy otra sonrisa. —No lo sabía. ¿Adó

