Narra Bastian Cuando llegamos a casa, Carli corre rápidamente escaleras arriba. Empiezo a seguirla y Paula pone una mano sobre la mía para detener mi movimiento. —Necesita un momento para ella misma —dice Paula suavemente. Asiento y me volteo hacia ella. Parece triste. Esos ojos esmeralda que siempre brillan se han apagado. Se acerca a la ventana que da a mi patio. La luna que brilla en la habitación la baña con su resplandor. Hace que su cabello adquiera un tono castaño rojizo intenso. En esa posición, Paula parece un poco irreal. Como una polilla atraída por una llama, me acerco a ella. Paula vuelve a negar con la cabeza–.No creo que pueda seguir haciendo esto. Bajo la dura mirada de escrutinio y desaprobación de tu madre, siento que todo está mal. Me paro detrás de ella, lo suficie

