—Es mi tierra —dice Stephen en voz baja, y siento que hay más en esto de lo que le ha contado a Seth. Thomas golpea la mesa con la mano. —¡No lo es! —Está bien. Salgan —gruñe Seth hacia ellos—. Hoy tengo cosas mejores que hacer. Ambos nos dejan. Noto que Stephen se detiene y se vuelve a decir algo a Seth, pero se detiene y continúa saliendo. —Hay más en esto —dice Seth, pellizcando el puente de su nariz—. Tienes razón. Iremos a ver la tierra. ¿Estás segura de que has comido lo suficiente? Su preocupación me hace sonreír. —Estoy segura, Dulce de Azúcar. —¿Dulce de Azúcar? —pregunta con una risa. —Sí. He decidido que necesitas un apodo —le digo—. Siempre me llamas Amor. Creo que serás Dulce de Azúcar. Él niega con la cabeza. —Más vale que te asegures de que nadie te oiga decir eso

