Una noche, como un año después de la tarde de la orgía de mis cuñadas, regresaba al departamento que había alquilado en una zona retirada del centro de la ciudad, apenas salía a la espera del divorcio y me limitaba a estudiar con ganas el temario porque además todas mis amistades se alinearon con mi marido y quedé sola por completo excepto por mi anciana madre y dos conocidas que también estaban preparando el examen profesional. Cuando un par de hombres se acercan, me golpean en el estómago y la cara y me llevan a mi propio departamento en donde con los ojos vendados, amordazada, desnuda y atada colgando de las manos del enganche de la lámpara del comedor se dedican a tocarme, pellizcarme, acariciarme, meterme mano, chuparme las tetas, el sexo, el culo, todo en silencio, sin decir nada d

