El vigilante era mayor para mí con dos años, aunque le sorprendía que yo entendiera tan rápido todo lo que me dijera se preguntó por mi forma de básicamente no hablar, era algo normal después de todo tenía solo tres años, casi no se me entendía palabras e incluso así se me dificultaba hablar por el miedo que sentía hacia mi abuela, sin embargo eso no fue obstáculo para nuestra amistad, cada cierto tiempo me escabullía por los pasillos hasta su alcoba mientras el aguardaba con juguetes o libros de dibujos impresionantes, era muy divertido pasar el tiempo con él al mismo tiempo que era emocionante poder escondernos debajo de las cobijas cuando alguien quería espiar por la puerta, simplemente éramos dos pequeños que comenzaban a disfrutar de una vida mejor, pero al contrario de todo cuento la

