Mis ojos se llenaron de lágrimas, estaba llena de tristeza y nostalgia como nunca sentí antes, incluso mi propia vida no se comparaba al profundo sentimiento de alejamiento que viví con aquel niño, el único en quien por primera vez confié; me había equivocado enormemente al pensar que aquella planta de mora era mi primera amiga, de hecho la sensación de recordarme al vigilante era el sentimiento que me ataba a ella, mi abuela al deshacerse de ella me hizo comprender que debía dejar de aferrarme al pasado. Era cierto, no podía perdonar a mi abuela, pero seguir odiándola incluso después de muerta no me llenaba ningún vacío que se generó en mi pasado, no estaba dispuesta a disculpar a nadie porque lo que era imperdonable simplemente no iba a desaparecer con un lo siento que jamás recibí, pero

