CAPÍTULO 6

1326 Palabras
**** Amelia Willoghby **** -¡Es tu culpa! -Amelia señaló a su primogénito -¡todo es tu culpa por traerla aquí! -Señaló a Scarlet y aquella mujer descarada le sostuvo la mirada con arrogancia, aquel era un momento para estar avergonzada, pero ella en cambio, no bajaba la mirada, la soberbia de aquella intrusa se sintió como una puñalada en el pecho. La mesa no estaba llena, en el asiento central estaba Amelia, en el lateral derecho; Joseph y al lado de él, Scarlet, en el lateral izquierdo; Oliver junto a Lillian, seguidos de Noah e Isabella, los asientos de Avery y Cristhian estaban vacíos. Todos los presentes tenían los ojos clavados en la mesa, incluso su hijo, su amado Joseph no se atrevía a mirarla a los ojos. -Lo resolveré -susurró Joseph sin quitar la mirada de su plato- le buscaré una esposa y le exigiré que siente cabeza -Sabes que no lograrás nada, has perdido el control sobre ese chico hace mucho, si acaso algún día has tenido control sobre él - Cristhian Willoghby era un problema que ella misma tendría que resolver "Cristhian Willoghby" un sabor amargo se le acumuló en el paladar. El simple hecho de pensar en aquel bastardo como parte de la familia Willoghby le resultaba enfermizo -pero es comprensible -agregó -su sangre no es digna de nuestra familia, la sangre de ese bastardo es tan sucia como la de su ascendencia -escuchó algunas exclamaciones de asombro casi mudas. Aquellas palabras tenían que bastar para que su nuera se sintiera rebajada, era lo menos que quería para ella en ese momento, su hijo bastardo había humillado a la heredera de los Monthgomery y aquel acto de insolencia había desprestigiado a los Willoghby -yo me encargaré del muchacho -afirmó Amelia -¡Yo me encargaré de mi hijo! -Scarleth levantó la voz, la familia entera le prestó atención, a Amelia se le hizo un nudo en la garganta, Scarleth se levantó -Me retiro -anunció y se dio la media vuelta. Amelia la observó alejarse. Tenía que admitir que su nuera aun conservaba los encantos de su juventud, su cabellera larga y espesa caía como una manta dorada sobre sus hombros y se extendía hasta la mitad de su espalda, se mantenía esbelta y su silueta seguía siendo la de un reloj de arena, había hechizado a su hijo desde el momento en que se conocieron. Al principio, Amelia había dejado pasar aquel relacionamiento impropio, su hijo acababa de perder a su esposa, tenía tres niños huérfanos a los que cuidar y Scarleth lo mantenía contento, pero se hicieron muy unidos y cuando anunciaron su compromiso Amelia se había opuesto con todas sus fuerzas, sin embargo, no había logrado separarlos. -Lo siento madre, hablaré con ella -aseguró Joseph, pero Amelia sabía que quien mandaba en aquel matrimonio no era su hijo Joseph, era esa maldita mujer ¿cómo hacía esa mujer para gobernarlo de ese modo? ¿cómo es que su hijo, siendo el Duque; siendo el hombre que gobernaba todo un reino para el Rey, no podía controlar a su esposa y a su hijastro? la decepción la dejó agotada, se llevó una cucharada de sopa a la boca, pero todo le sabía amargo, le frustraba no poder saborear la comida. -¡Madre! -Lilian sonreía como idiota - Oliver y yo queríamos anunciar algo importante -Oliver era su nieto mayor, el primogénito y heredero de Joseph y Lilian era su esposa, una niña bonita de de test de porcelana, rizos castaños y ojos color miel, era dulce y risueña, de cuna noble y rica, por supuesto, como debía ser. La propia Amelia había arreglado aquel matrimonio como parte de una importante alianza con los territorios sureños del reino, el compromiso se había pactado cuando Lillian era una chiquilla de nueve años y Oliver un joven de doce y la boda se llevó a cabo en cuanto la chica llegó a ser mujer, a los dieciséis, había tardado, pero la espera había servido para que Oliver madurara un poco - Amelia miró a la pareja expectante, ellos se miraron uno a otro entre sonrisas bobas. -Lillian está esperando un bebé -anunció Oliver, aquello hizo que el corazón de Amelia se estremeciera como si quisiera salir del pecho, por mucho tiempo temió que el bastardo procreara primero que su nieto legítimo, y que, al tener hijos se interesara en reclamar derechos como heredero, legalmente era el hijo del Duque, Joseph le había dado su apellido y todos los derechos que de ello acarreaban. Siempre se dejó claro que el bastardo no tendría derecho alguno sobre los bienes o los títulos de la familia, pero Amelia no estaba convencida, sabía lo que era la codicia y vivía con el miedo constante de que el bastardo y su madre sacaran las uñas y se atrevieran a reclamar derechos que eran solo para la familia de sangre. Amelia se levantó y camino hacia la pareja, ellos también se levantaron, abarazó primero a su nieto y después a Lillian. -Es una noticia maravillosa -les dijo tomando las manos de Lillian -Felicitaciones - ¿¡Jen!? -la chica no respondía -¿¡Jennifer!? -Lo siento señora, aquí estoy -la muchacha salió de la cocina. -Busca a dos parteras, prepárales un cuarto y que vivan en el palacio desde hoy -Está bien señora -respondió asintiendo con la cabeza - encárgate de que se prepare una dieta especial para Lillian, que se le sirva todo lo que una embarazada necesite -Sí señora Willohgby, me encargaré de todo. -Noah... -Sí, madre -Confío en que Lillian será tu paciente más importante de ahora en adelante. -Por supuesto madre, lo será - Noah Lancaster era un buen hombre, hijo de una prestigiosa familia con una tradición ancestral como médicos, eran los dueños de casi todos los hospitales del reino, por eso lo había casado con Isabella, su nieta del medio. -Vamos, Jennifer, necesito descansar -la muchacha la siguió por el corredor que llevaba a la habitación principal. -Un minuto - se sacó un manojo de llaves del delantal -abriré la puerta. Amelia observó a la chica, tenía el cabello n***o como el carbón, le caía hasta la espalda en brillantes ondas, su piel era blanca como la leche, tersa, perfecta, estaba un poco delgada, pero alta y elegante. Una idea se le posó en la cabeza mientras detallaba la belleza juvenil de su asistente ¿cómo no lo había pensado antes? la muchacha era casi de su propiedad y estaría dispuesta a hacer lo que Amelia le pidiera. -Dime Jennifer... ¿tus padres han logrado pagar sus deudas? -¿¡qué!? -la pregunta la tomó por sorpresa, sus mejillas se enrojecieron -es decir, no, no señora, les ayudo con lo que usted me paga, pero no es suficiente. -¿no es suficiente? -no, no, no señora no quise decir eso. Me refiero a que mi madre, ella no asimila nuestra situación actual, ella, sigue llevando el mismo estilo de vida de siempre, es difícil mantener sus gustos -Jenifer se mordió el labio inferior -lo siento, no quise agobiarla con mis problemas. -Está bien cariño, no pasa nada. Dime ¿aun conservas algunos de esos vestidos de cuando eras una niña rica? Recuerdo que eras una de las mejores vestidas en los bailes del palacio, siempre despampanante -Jenifer frunció los labios. -Los he vendido todos, señora - Jenifer bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas frente a ella. Ya no tenía las mejillas rojas sino pálidas. -Te daré dinero para que compres unos cuantos y te mudarás a uno de los cuartos preparados para la familia. La prometida de mi nieto tiene que estar a la altura -¿La prometida de su nieto? -un brillo de esperanza destelló en los ojos grises de Jennifer -Te casarás con Cristhian y serás una Willoghby -los labios rosados y carnosos de Jennifer se curvaron en una mueca, casi una sonrisa.
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