CAPÍTULO 14

1503 Palabras
Aquella noche Nahara durmió apenas un par de horas, en sus sueños estaba en la estación del tren, pero no estaba en el norte sino en el Sur, el calor, era como muchos contaban; abrasador. Sentía un dolor insoportable en el vientre como si la apuñalearan desde dentro, esperaba el tren para volver al norte, pero la tarde caía y después la noche, la estación poco a poco se vaciaba y al final estaba ella sola, cuando su barriga comenzó a sangrar no tenía a quien pedirle ayuda, no tenía donde correr, los faroles se habían apagado y ella estaba sumida en una completa oscuridad, ni siquiera la luna clareaba un poco, caminó a tientas sosteniendo su vientre que se sentía como si los pedazos de carne estuvieran por desprenderse, en la oscuridad, vio a lo lejos una luz titilante que se acercaba a gran velocidad, quizo dar un paso, pero su pie se quedó atascado, miró al suelo, eran la vias del tren, miró la luz que se disipaba en una nube de humo "thuuuu thuuuuu" ¿era un aullido? no, "thuuuu thuuuuu" el sonido se acercaba más y más "thuuuuuu thuuuuu" todos los vellos del cuerpo se le erizaron, sintió frio y a la vez calor cuando vio la luz, era el tren, iba directo hacia a ella a toda velocidad, cerró los ojos con fuerza como si tuviera el poder de desaparecer, cuando los abrió la luz se había ido, también el tren y el aullido, estaba en su cama, con cada músculo paralizado, sentía las lágrimas caer y mojarle el cabello, pero no podía moverse. -¡Nahara! -la voz de su madre era casi un susurro del otro lado de la puerta -tu desayuno está listo -anunció y algo dentro de ella hizo "clip" como un interruptor que activó el movimiento de su cuerpo. S elevantó de un brinco, limpió sus lágrimas y fue hacia la puerta -gracias madre -dijo cogiendo la bandeja sin mirarla a los ojos -cerró la puerta y cogió un trozo de pan, lo tragó con desespero, como si algo dentro de ella lo hubiese succionado, ni siquiera lo saboreó, cogió otro pedazo y otro y otro, comió hasta acabar con todo y aun tenía un hambre. Miró el reloj en la mesilla al lado de su cama, seis en punto, tenía que estar a las ocho en la academia Drolim para su primer dia de trabajo, tomó un baño aunque moría por ir a la cocina por más comida. Al ponerse el corsé pensó en no apretar mucho su barriga, se sintió una tonta, después de todo, se desharía de aquella criatura que crecía dentro de ella, apretarlo un poco con el corsé no haría una gran diferencia. A pesar de las pesadillas, que parecían presagiar algo terrible, su primer dia fue tal como lo había soñado, excepto por los malestares del embarazo. Sus estudiantes la amaron, trabajaron con entusiasmo en cada una de las actividades, estaba convencida de que era una tutora poco convencional, le gustaba marcar la diferencia y sus alumnos se mostraron entusiasmados con la idea de salir de la rutina. Había tenido un primer dia de trabajo perfecto y apesar del hambre y el sueño, se sentía optimista, "Hoy viajaré al sur me sacarán al bebé, no, no, no puedes decirle bebé, es una cosa, hoy viajarás al sur, te sacarán esa cosa del cuerpo y seguirás con su vida tal y como la habías planeado" Faltaba un minuto para la una; su hora de salida, contó los segundos en el reloj que llevaba en la muñeca... cinco, cuatro tres, dos, uno. La campana sonó y Nahara salió casi corriendo. Los pasillos estaban llenos de adolescente uniformados -Hata mañana profesora -dijo una chica en un grupo -ella respndió con una sonrisa -Profesora ¿la redacción que pidió tiene que que ser escrita a mano o puedo usar una máquina? -preguntó un chico y empezó a caminar a su lado -Manuscrito -respondió ella y el chico dejó salir un suspiro, Nahara aceleró el paso, tratando de devolvwr cuanta sonrisa le ofrecían en el pasillo. No podía atrasarse más o perdería el tren. -¡A la estación Central! - gritó mientras se subía a un carruaje, el conductor asintió y le dió un latigazo suave al caballo, el sonido de los cascos del animal contra el pavimento fue un alivio, al fin iba en camino, en camino a solucionar sus problemas. Salió de la recepción sosteniendo el boleto contra su pecho, miró a su alrededor, había decenas de personas, yendo y viniendo, casi todas con maletas pesadas. Un chico pasó a su lado vendiendo maní y ella compró una bolsa. Le provocó comer los manies untandos en salsa picante, pero no tenía salsa picante así que probó el primero y echó el resto al cesto de basura. La estación central era una especie de ciudad, una ciudad bonita y ordenada de pisos brillantes y tiendas de todo tipo de cosas, habpia vendedores ambulantes aunque era ilegal. Los guadias de seguridad se hacían la vista gorda. Miró la hora en el boleto; cinco y treinta. Despupés de caminar un poco admirando un mundo que le había sido desconocido hasta entonces, salió a coger aire, vio un jardín con bancos donde los ancianos alimentaban palomas, los niños jugaban y las parejas se mostraban amor. Necesitaba sentarse. Caminó en dirección a un banco libre y cuando estaba a punto de llegar alguien ocupó el lugar, era un hombre alto y esbelto, llevaba a un bebé en brazos. Se acercó -¿qué haces aquí? -preguntó como si el parque, la plaza y la estación central fuesen suyas -Lo mismo que tú -le respondió Crithian -Esperas el tren al sur para hacerte un aborto? -le preguntó casi susurrando, miró a ambos lados? -él también miró y negó con la cabeza -Está bien, no exactamente lo mismo que tú -A Nahara se le escapó una sonrisa al percibir que Cristhian la tuteaba, el doctor le parecía un poco estirado y el hecho de que la estubiese tratando de tú quería decir que la consideraba una ¿amiga? sí una amiga o algo así -quise decir que espero el tren -daba golpecitos en la espalda del bebé, pero eran muy suaves, le faltaba firmeza si lo que quería era sacarle los gases -No sabía que tenías hijos -le dijo sentándose a su lado -el rostro del doctor se arrugó en una expresión de asco, como si la sola mención de hijo le provocara nauseas -No, no, por supuesto que no tengo hijos, no, ¡Por Dios! -¿y de quien es el bebé? -Nahara se lo quitó de los brazos, lo recostó boca abajo en sus píernas y empezó a darle golpecitos suaves pero firmes. En unos segundo el peqeuño eructó -Cielos. Tú sí que sabes de bebés. Lllevo una hora intentando sacarle un gas -Eso era cierto, Nahara sabía de bebés, ella había ayudado a criar a su sobrina. Se le hizo un nudo en la garganta cuando recordó el dia en que su hermano había llegado con un pequeño bilto de carne envuelto en sábanas rosadas. Imploró para que mamá lo dejara criar a su hija, pero mamá le dijo que tendría que darla en adopción o marcharse de la casa, ese mismo dia Said hizo las maletas. HACE OCHO AÑOS ATRÁS -Vamos hermano, no puedes con esto -Said estaba en el umbral de la puerta, llevaba una maleta y con el otro brazo aseguraba a su bebé como si alguien intentara robársela -Nahara estaba decidida a convencerlo - criar un bebé es demasiada responsabilidad. Si crece en un orfanato una familia rica podrá adoptarla y todos seremos felices. -No, yo no sería feliz -Claro que lo serás- replicó -podrás estudiar, ser alguien en la vida, no tienes que cargar con esta responsabilidad. -Fue lo mismo que dijo ella -¿quien? -la madre, ni siquiera merece que menciones su nombre. Me dijo que la dejaría en la puerta de alguna cadsa y que sería la responsabilidad de alguien más. Pero no, no es así de fácil. Cuando decidimos estar juntos, cuando decidimos acostarnos sabíamos que un bebé era una posibilidad, aun así lo hicimos y no tomamos ninguna medida la respecto, esta bebé fue producto de nuestras acciones y es nuestra responsabilidad alimentarla, vestirla, educarla y darle amor, es mi responsabilidad y no le daré esa responsabilidad a nadie más solo para librarme de las consecuencias de mis propios actos -aquello fue lo más inteligente que Said había dicho en su vida -soy tonto, lo sé, nos soy inteligente como tú, pero no soy un cobarde Aquel recuerdo se sintió como una puñalada le devolvió el bebé a Cristhian. Miró el boleto y el llanto se le precipitó, no había tenido un atisbo de duda hasta ese momento. El bebé, la cosa en mi vientre es mí responsabilidad, no puedo escapar de la consecuencia de mis actos. Yo no soy una cobarde
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