CAPÍTULO 1

1578 Palabras
***Nahara*** -Soy Nahara -dijo con un hilo de voz -Nahara Edri -agregó después, extendiendo su mano hacia la del director. ¡Había practicado tantas veces! Pero no había salido como lo esperaba. Frente al espejo, en la soledad de su habitación, se había presentado con voz firme, con un tono cargado de seguridad, el pecho erguido y la mirada en alto. Pero frente al director de la Academia Drolim, había dado la impresión de ser una completa novata llena de miedo. -He escuchado mucho de usted señorita Edri -fue la respuesta del director Drolim. Nahara examinó al hombre por unos segundos, su rostro, cubierto por una abundante barba blanca, aun guardaba vestigios de belleza juvenil. Pero los años no habían pasado en vano. -Cosas buenas, espero -trató de esconder los nervios con una sonrisa. -Y yo espero que le haga justicia a lo que he oído -aquella respuesta la tomó por sorpresa - Una persona como usted en un lugar como este no es algo común, pero dadas las indicaciones que... -Por supuesto que no soy común -esa maldita costumbre de interrumpir a sus mayores. Permaneció callada un instante, podía pedir disculpas y mantener la boca cerrada o seguir adelante con su argumento, sintió que en ese punto ya no podía echarse atrás - obtuve mi título con honores -continuó - la mejor de mi clase y la mejor de la academia el año de mi promoción. A diferencia de todos los tutores que enseñan en su distinguida academia, yo no provengo de una familia noble ni adinerada, he llegado a donde estoy sin un apellido importante y eso, señor Drolim, no es para nada común -ahí estaba la seguridad que necesitaba, pero tal vez se le había ido la mano. Estaba lista para volver a casa, con la decepción de un fracaso en su primera entrevista de trabajo. -Me parece que tiene lo que se necesita para este trabajo, señorita Edri -el tono del director Drolim no transmitía ninguna emoción y la expresión en su rostro era neutra, Nahara necesitó unos segundos para entenderlo; había obtenido el trabajo. Cuando salió de aquel lugar llevaba consigo un maletín enorme lleno de documentos, programaciones, temarios, listas de alumnos e indicaciones de parte del director Drolim. Con cada paso que daba en dirección a la calle principal, se le iba escapando un poco de aire. Al llegar a la calzada se encontraba agotada y no podía respirar. El maletín era pesado, pero aquello no importaba, Devon pasaría por ella, estaba segura de que su flamante novio había planeado alguna sorpresa para celebrar, tal vez la llevaría a almorzar y después irían a ese lugar, el que habían estado frecuentando los últimos meses, aquel lugar elegante y glamuroso y al mismo tiempo discreto y recóndito se había convertido en su lugar favorito. Un escalofrío le recorrió la nuca cuando pensó en aquel lugar y en lo que ella y Devon hacían ahí. -¿Ha recordado algún chiste privado?- aquella voz la despertó. Buscó con la mirada al muchacho -está sonriendo, como si recordara un chiste - explicó el joven apareciendo frente a Nahara, lleva un palillo de fósforo entre los dientes. -Malcom - dijo aliviada dejando salir un suspiro -el joven alto y delgado se rascó la nuca e hizo una pequeña reverencia ante ella, el uniforme de chófer le quedaba holgado al punto de dar la apariencia de ser un niño jugando a ser grande.Nahara extendió el maletín hacia el joven, él lo cargo y echó a andar. Nahara lo siguió por la calle atestada de gente, las mozas iban y venían desfilando cinturas ceñidas con exquisitos corsés y faldas abombadas. Se fijó en una de ellas, llevaba un vestido con los encajes más bonitos que Nahara había visto en su vida, pero la ropa cara era lo de menos, la chica iba aferrada al brazo de un joven alto, esbelto y apuesto que le recordó a Devon. Cerró los ojos con fuerza, tratando de sacudir esa idea de la cabeza, Devon ya se lo había explicado, necesitaba tiempo para que su familia la aceptara, el señor Kresler se encontraba cerrando un gran negocio con las familias más importantes del país y no era el momento para que Devon le presentara a su novia sin dinero, sin linaje, sin importancia. De momento, tenía que olvidarse de los paseos a pie y conformarse con salidas furtivas en coche y una habitación de hotel. -venga señorita Edri, la llevaré a casa - anunció Malcom tirando el maletín en el asiento trasero, luego corrió a abrir la puerta para Nahara. -¿Qué? - Nahara echó una mirada al interior del coche, estaba vació - ¿Y Devon? ¿Dónde está él? Se suponía que.. dio unos pasos inseguros hacia el auto -iríamos a... sus mejillas ardían, se sentía avergonzada -el señor Kresller me ha dado órdenes de llevarla a casa - Malcon se acomodaba los guantes mientras hablaba, era obvio que evitaba mirarla a los ojos -ha surgido un inconveniente - Pero le ha dejado esto. Malcom rebuscó en sus bolsillos y sacó un par de sobres, el muchacho era un manojo de nervios, miró ambos sobres por unos segundos con un gesto confuso y extendió la mano hacia Nahara para entregarle uno. Nahara lo cogió. El chico abrió la puerta del auto y extendió una mano engranada hacia ella para ayudarla a subir -Déjame, puedo hacerlo sola -le dijo cuando el chico quiso abrir la puerta, él se encogió de hombros y se alejó, Nahara miró al suelo; Malcom había dejado caer el otro sobre y no lo había notado, pero Nahara sí. Logró levantarlo del suelo en un movimiento ágil a pesar del corsé que apretaba su cintura y la falda rígida de su vestido y subió al auto. Tenía un sobre en cada mano y no decidía cual abrir primero. Se decidió por el que no era para ella. El sobre contenía un pequeño trozo de papel, estaba impregnado del perfume de Devon y las diez palabras escritas a mano destruyeron el mundo de Nahara: "Nos vemos en nuestro lugar. Estoy muy ansioso por tenerte" Se ha equivocado, repetía en su mente, se ha equivocado, me ha dado el sobre equivocado, abrió el otro sobre con desespero, tenía la esperanza de que este contuviera un mensaje sin importancia para algún socio o algún amigo, aquello era una esperanza, pero no una certeza, en el fondo sabía que Devon no sentía por ella lo mismo que ella por él y esa era una verdad que no quería admitir. "Felicitaciones por tu nuevo empleo. Le he pedido a Malcom que te lleve a casa porque tengo una reunión importante hoy. Lo siento, es imposible cancelarla, pero celebraremos mañana, lo prometo. PD: si no has conseguido el empleo, celebraremos de todas formas Siempre tuyo: Devon" las palabras se tornaron borrosas y las lágrimas de Nahara bañaron el papel. "Nos vemos en nuestro lugar" Las palabras de la nota se repetían en la cabeza de Nahara, tenía que estar feliz por su nuevo trabajo, en casa, todos lo estaban, su madre preparaba una cena especial para ella, su tío había prometido que junta más tendría que volver a realizar un que hacer en casa, él se encargaría de todo, su hermano casi besaba el suelo por el que Nahara caminaba, pero Nahara, no tenía una pizca de felicidad dentro de ella, había conseguido un trabajo de ensueño y solo podía pensar en aquellas palabras: "Nos vemos en nuestro lugar" ¿y si los dos sobres fuesen para ella? Malcon no era un chico muy listo, ya había escuchado a Devon decir que el chico había confundido algún recado o había echó mal algunos mandados. Tal vez Devon le había pedido que le diera ambos sobres a ella y él no lo había entendido, aquella explicación le parecía lógica y si tenía razón, Devon debía estar esperando por ella en su lugar. Salió de la cama de un salto corriendo hacia el cajón, se puso ropa interior acorde para la ocasión y corrió a buscar un bonito vestido. -¿ A donde vas? - preguntaron su madre y su tío al unísono cuando Nahara atravesó la sala -Apestas a perfume-se quejó su hermano menor. -Tengo una reunión -Su familia no sabía de Devon, no debía decirles ni siquiera a ellos, esas habían sido las instrucciones de Devon -es una reunión con los nuevos profesores de la academia -no dejó de andar mientras lanzaba aquella mentira. -¿Tan tarde? -preguntó su madre -Yo he pensado lo mismo madre, pero soy nueva y no puedo empezar quejándome. No sé e a que hora vuelvo. Adiós. Una carreta a caballo la llevó hasta el lugar, sentía que no aguantaría los saltos de la vieja carreta, se había acostumbrado al auto de Devon al punto que ya no soportaba siquiera el olor de los animales. Pero un auto era un lujo que ella por su cuenta no podía darse. -¿Es aquí? -el grito del conductor llegó hasta Nahara como un rugido, ella bajó de la carreta. Desde afuera el lugar parecía un bosque encantado, pero detrás de los tupidos árboles , al final del camino de tierra, se asomaban débiles destellos de luz que delataban la presencia de vida. Después de diez minutos de caminata pudo ver el letrero que anunciaba: "HOTEL MIDELTONG" Recanto de tranquilidad. Aquel era su lugar, suyo y de Devon.
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