ANA —Cariño. Alzo la mirada, viendo que mis padres entran, en especial papá, quien corre hacia mí y me envuelve en un tierno abrazo, de esos que saben a seguridad, respiro con dificultad, luego de que Kabil me encontrara, entré en un nuevo ataque de pánico, y según lo que dijo el doctor que Elaxi se aseguró que me atendiera, estoy sometida a demasiado estrés, sin contar que dejé de medicarme desde hace poco más de quince meses. Pero nadie me hace cambiar de idea, alguien quiso herirme. Es de día y ya quiero que acabe esto. —Estoy bien —logro articular. La verdad es que me siento como una muñeca defectuosa, como una cosa rota que siempre estará llena de grietas y que nunca va a superar esto. Vine creyendo que era fuerte, y lo soy, pero maldición, soy humana, no un jodido robot como c

