KABIL La fachada de la mansión Cross resplandece con un exceso de luces blancas que parecen querer gritar al mundo la pureza de una familia que, en realidad, está podrida hasta los cimientos. No me gusta la ostentación… a menos que sea para destruirla. Entro con paso seguro, mi padre está a mi lado. El aire aquí huele a perfume caro y a falsedad. Los invitados nos observan como si fuéramos intrusos… que lo somos. No hemos sido invitados. No me importa. Estoy aquí porque quiero joderles la noche. Y porque ella está aquí. La veo con su vestido azul marino, con corte elegante que dibuja su figura como si hubiera sido hecho para provocar mi ira. La tela se amolda a su cintura, dejando que su silueta quede grabada en mi mente como un desafío personal. El cabello recogido en un peinado perfec

