CAPÍTULO TREINTA Y UNO

3677 Palabras

ANA —No es nada grave, me parece que te recuperarás pronto —me dice el médico que atiende mi muñeca. En cuanto me caí, Kabil me encontró y me trajo a urgencias, después desapareció cuando su jefe en el hospital, lo mandó llamar, por lo que este hermoso espécimen, resultado de la reproducción humana, es quien me está atendiendo en su lugar. No me quejo, es apuesto, es alto, delgado, pero fornido, la bata blanca le da un plus misterioso, su cabello n***o, bien peinado, y esos ojos negros que parecen follar con una sola mirada. No soy la única que lo piensa, la enfermera que lo asiste, es más joven y se le queda viendo más de lo normal, haciendo intentos en vano por llamar su atención. Sonrío, pero después esa sonrisa se convierte en una sensación ácida en el estómago, al darme cuenta de

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