CAPÍTULO CINCUENTA Y CINCO

2951 Palabras

ANA El portón de hierro se abre lentamente, con un chirrido metálico que se cuela hasta mis huesos. Respiro hondo mientras el auto avanza por el camino empedrado que lleva a la mansión. El aire de la mañana se siente extraño, cargado, como si algo invisible flotara sobre cada piedra, sobre las paredes blancas que se alzan majestuosas y frías. Cuando cruzo el vestíbulo, el silencio me aplasta. No es la calma habitual de las casas grandes, es otra cosa: un ambiente espeso, sofocante, que me oprime el pecho y me hace tragar saliva con dificultad. Mis pasos resuenan en el mármol, pero ni siquiera ese sonido consigue aliviar el nudo en mi estómago. Es miedo, lo sé. Y emoción. Una mezcla retorcida que me eriza la piel. —Ana —mi nombre se desliza en el aire, ronco, profundo, demasiado cerca.

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