NARRADOR OMNISCIENTE La luz del día se filtraba pálida por la ventana del hospital, bañando la habitación con un resplandor grisáceo y enfermo. El olor penetrante a desinfectante se mezclaba con el pitido constante de las máquinas que acompañaban el lento respirar de Marcela, recostada en la cama. Sus lágrimas empapaban la almohada, mientras su rostro se contraía en un de dolor físico y emocional. Kabil permanecía de pie a su lado, rígido, serio, el ceño fruncido como si toda la furia del mundo se concentrara en su interior. No decía nada. No podía. Cada músculo de su cuerpo ardía con la rabia contenida. Ana no le respondía las llamadas. Sus amigos se habían limitado a decir que iban camino al hospital, y nada más. Esa falta de información lo devoraba. Su instinto le gritaba que algo and

