Atrapadas por la curiosidad
Leyendas de instituto
Con un temor que invade mi mente, a pesar de repetirme una y otra vez que en el baño de mi nueva escuela no existen seres espirituales, me dirijo a ducharme después de un intenso primer día.
Mis piernas tiemblan. Zambullida en mis pensamientos hago lo posible para calmarme sin obtener resultado alguno. Puedo sentir cada una de mis pulsaciones al compás de los latidos de mi miedoso corazón. Trato de convertirlo en valiente, y deslizo de un tirón la cortina del baño. Un profundo suspiro me reconforta, no hay nada ni nadie que no sea una vieja ducha con salidero. De este modo, poco a poco comienzo a relajarme y mientras mi pulso se desacelera.
Mi miedo irracional fue infundido por los estudiantes de años superiores al llegar a la escuela. Sé que es normal que a los novatos nos quieran asustar y luego burlarse de nosotros, ya me lo habían advertido mis primas, Anita y Lucía, quienes se habían graduado el año anterior. Pero, sin importar cuantas veces repetía para mí misma que no existía nada malo, se me hizo imposible no sentir temor en medio de la noche.
Especialmente esa noche, en la que justo al salir del baño hubo problemas con el generador de electricidad del instituto y no había nada más a nuestro alrededor que oscuridad y silencio.
- Les voy a contar las creencias de este instituto- Expresó Yeny, mirándonos directamente. El tono misterioso de su voz logro despertar en mí una gran curiosidad. A día desearía haber parado de escuchar, pero ya es demasiado tarde. Una vez que comenzó a hablar, el interés por descubrir dichas leyendas se clavó en mi cabeza como uñas a mis dedos.
-"La chica del cabello rojo", "La Lesbiana", "La Rubia que fuma cigarrillo", "El Viejo del Tren" y "El niño que no llegó a nacer" - Advirtió Yeny que eran las más temibles y aterradoras de las historias, pues esos espíritus habían causado daños en nuestro instituto a lo largo de los años.
Deseosa de que llegara la electricidad, pero a la vez motivada por la curiosidad de escuchar las leyendas, noto como mis manos comienzan a sudar, siento escalofríos y otra vez mi pulso comienza a acelerarse.
-¿Seguros que quieren saber la historia?- pregunta Yeny.
- Sí- sin pensarlo responde Melissa, mi mejor amiga, desde niñas hemos estado en la misma escuela y somos inseparables, ella conoce todos mis defectos y virtudes, mis miedos y mis alegrías.