Esa noche dormimos juntos, en mi habitación. Cuando me quedé dormida en su regazo, me llevó a mi habitación, pero antes de dejarme sola, agarré su mano y le pedí que se quedara conmigo esa noche. No fue nada s****l, simplemente, me hizo compañía y eso se sintió bien.
Desperté por un mal sueño, pero él me calmó. Agradecía que aun estuviese a mi lado en la cama. Me abrazó fuerte y ahí me quedé, en su pecho perfumado y musculoso, aquel que me hacía sentir segura. Estaba tratando de quedarme dormida, cuando habló.
—Conocí a Valca en la universidad, cuando me cambié y dejé de ser compañero de clase de Hellena Virtanen. Mi padre quería que estudiara en su misma universidad y yo simplemente quería ser un buen hijo. Le hice caso y dos días después estaba al otro lado de la ciudad estudiando —lo miré y en sus ojos había mucha tristeza —. Valca era la mejor de la clase hasta que llegué yo. Desde el inicio fue una competencia para todo, quien era el mejor en la clase, quien realizaba la mejor exposición… Hasta que un día nos volvimos muy amigos el uno del otro. Puedo decir que ella fue la primera mejor amiga que tuve en la vida. Un día, mis padres la conocieron y la invitaron a casa. Aldebarán se enamoró de inmediato de ella y comenzó a pretenderla. Pero yo… yo la había conocido primero y lo estaba desde el inicio —lo de ellos era una disputa de amor —. Traté de conquistarla aun sabiendo, que mi hermano la amaba. Pero ella estaba confundida. Más allá de un par de besos que yo le robé, no sucedió nada más. Ella se enamoró perdidamente de Aldebarán, cuando lo vio salvar a un anciano en la calle —se rio un poco —y desde ese momento, la perdí. Pero como la veía siempre, me fue imposible desenamorarme —toqué su rostro con mi mano y él me miró —. Nunca hice nada, simplemente, la amaba en silencio —besó mi frente y me abrazó otra vez —. Aldebarán se enfermó y ella se asustó. Le rogué que no se fuera, que no lo dejara solo, pero Valca no pudo con la presión de ser la novia a punto de casarse con un posible moribundo.
—¿Fue algo grave? —me asusté.
—En aquel momento, solo fue un cáncer a la piel detectado a tiempo. Una operación, un par de quimios y Aldebarán ya estaba sano. Pero Valca investigó y según ella, eso podía volver y matarlo. ¡Que estúpida que fue! Daba igual si volvía o no, cuando amas a alguien te quedas hasta el final con esa persona. Después de todo, el amor es incondicional.
—¿Aún la amas?
—Desde que dejó a mi hermano, no. No es más que una chica superficial.
—¿Era interesada?
—No lo creo. Su familia es tan rica como la nuestra. Pero es muy superficial, ya sabes, ropa carísima, maquillaje costoso, viajes de lujo.
—Pobre Aldebarán.
—Sí, pobre —dijo con un rastro de tristeza.
—¿Valca es aquella chica que vimos en la ciudad?
—Así es. Lo último que supimos de ella, es que se había ido a Dubái, porque su padre había conocido a un árabe con el cual quería hacer negocios y la necesitaba para que manejara la empresa allá.
—Y ahora volvió.
—Y ahora volvió, así es. No creo que haya estado buscando a Aldebarán, simplemente, debe haber sido coincidencia que se la encontraran.
—¿Él estaba muy enamorado?
—¡Demasiado! Si ella se lo hubiese pedido, Aldebarán hubiese saltado de un puente con tal de verla feliz. Mi hermano se enfermó tres semanas antes de la boda. Llevaban dos años de noviazgo, cuando se decidió a pedírselo y ella aceptó.
—¿Te dolió?
—Más me dolió que nos interrumpieran en mi habitación —se rio.
—¡Titán! ¡Estamos hablando algo serio! —lo regañé.
—¡Está bien, está bien! —sonrió —. Solo te diré que, el día en que estés preparada, no saldrás de la habitación en una semana —le di un golpe despacio en su pecho y él me abrazó, llenándome de besos en el rostro.
—Estás seguro de que Aldebarán está bien ahora?
—Ajá —contestó cortante —. Ahora duérmete, ya es tarde —me dio un corto beso en los labios.
—¿No puedes dejar de besarme?
—Me encantan tus labios —dijo de forma sexy. Porque me nació, tomé su rostro y lo besé de forma intensa por unos segundos y luego le di las buenas noches.
—Que duermas bien —me di vuelta para darle la espalda y cerré los ojos.
—¡¿Es en serio?! ¡No puedes dejarme así!
—Buenas noches, Titán.
—¡Triana! Estás jugando con fuego —me abrazó por la espalda y su mano se metió por debajo de mi pijama. Besó mi cuello, tocó mi estómago y eso fue todo —Buenas noches, mi amor —dijo en un susurro. ¿Mi amor? ¿Cómo que mi amor? Me di la vuelta y lo quedé mirando.
—¿Por qué me dices así? —fingió que estaba durmiendo —. ¡Titán! ¡Titán! Te estoy hablando y si no me respondes te haré cosquillas —comenzó a roncar —. Muy bien —comencé a hacerle cosquillas hasta que no aguantó más y rio descontroladamente.
—¡No, Triana!
—Sí no me contestas, seguiré haciéndote cosquillas.
—Está bien. ¡Está bien! —me detuve —. Eres mi amor, mi esposa, mi compañera por veinte largos años. Me gustas o quizá, ya me enamoré de ti —eso me dejó muda. ¿Él enamorado de mí? Me puse triste enseguida y él lo notó —. No te estoy pidiendo nada, Triana. Solo, déjame amarte, déjame cuidarte como tu esposo —tomó mi rostro y me miró —. Mírame —dijo suavemente y lo hice —. No te estoy pidiendo nada. Te daré tu espacio, tu tiempo, dejaré que sanes y que te demores todo el tiempo que tú quieras.
—No deberías hacerlo —dije triste —. Mereces ser feliz y…
—¡Shhh! —me calló colocando uno de sus dedos en mis labios —. Solo te quiero a ti, a nadie más. Te esperaré, así que, no me alejes, por favor —me susurró. Me dio un beso en los labios y luego pegó su frente a la mía.
—Lamento mucho no poder corresponder como te mereces.
—No tienes nada que lamentar. A mí también me rompieron el corazón, pero pude sanar y sé que tarde o temprano tú lo harás —lo abracé fuerte, agradeciéndole ese gesto tan hermoso de esperarme. Él merecía ser feliz, porque no era una mala persona. Era trabajador, inteligente y culto, buen hermano, cariñosos y preocupado. Merecía a alguien que lo amara tanto como él había amado en la vida.
Me solté de su abrazo y tomé su rostro besándolo con fuerza y pasión. Solo eso bastó para que me acostara en la cama y se subiera sobre mí tocando mi cuerpo con deseo. Pero se detuvo, en medio de la escena, se detuvo.
—¿Qué sucede?
—Aún no es nuestro momento, Triana. Cuando sea el momento indicado, seré el hombre más feliz del mundo por tenerte en mis brazos. Pero quiero que sea, cuando tú lo sientas, aquí —tocó mi pecho —en tu corazón.
Esa noche dormimos abrazados, escuchaba el latido de su corazón y me daba una extraña sensación de paz. Me sentía segura, protegida en sus brazos y pude dormir bien después de varios días de dormir pésimo.
Al día siguiente, me desperté sola en la cama, porque él de seguro ya se había levantado para ir al trabajo. Me levanté, lavé mi rostro, mis dientes y me fui al comedor. Aldebarán estaba desayunando con su hermano, mientras él miraba su Tablet.
—Buenos días —dije con voz apagada.
—Buenos días —contestaron a la vez. Aldebarán se levantó y caminó hacia mí. Tomó mi rostro y besó mi mejilla con mucha efusividad para mi gusto. Me quedé sorprendida, porque nunca había hecho eso, menos delante de su hermano, mi esposo. Miré a Titán, quien tenía los ojos entrecerrados, mientras nos miraba con desaprobación. Pero, aun así, no dijo nada, cosa que me extrañó.
Esa mañana todo era extraño. Amalia apareció a los minutos después para servirme una taza de té, pero la desgraciada “por error” terminó vaciando el agua en mis piernas. Por fortuna el agua no estaba caliente, sino, tibia como a mí me gustaba. Titán estaba furioso y le gritó a Amalia, quien lo miró desafiante. Aldebarán tomó servilletas y quiso ayudarme a secar, pero le grité y le dije que no lo hiciera. Salí del comedor furiosa y me encerré en mi habitación. Al parecer, esa mañana se habían puesto de acuerdo para irrespetarme. Eso me molestó demasiado y tuve que llamar a mi psicóloga para pedirle una sesión de emergencia, cosa a la que accedió, porque me escuchó muy mal.
—¿A dónde vas? —me preguntó Titán, cuando entró a mi habitación sin tocar. Yo estaba con ropa interior y con el pantalón puesto, pero tenía tanta rabia esa mañana, que ni cuenta me di de que me estaba viendo solo con el brasier puesto.
—A una sesión de emergencia con mi psicóloga —le contesté sin mirarlo, mientras caminaba por la habitación alistándome.
—¿Estás bien? Lamento lo que sucedió…
—¡No, Titán! —lo detuve levantando mi mano para que se callara —. Soy tu esposa, no el juguete de los hermanos King. Si ves que tu hermano hace algo incorrecto, lo mínimo que deberías hacer es detenerlo. ¡¿Y esa mujer?! ¡¿Qué acaso no te das cuenta de que me detesta?! ¡Desde que llegué a esta casa me odia! Abre los ojos Titán, está profundamente enamorada de ti y yo… yo no me voy a rebajar por un hombre —le contesté seria.
—Triana, eso no es cierto.
—¡Sí lo es! No minimices mis sentimientos y pensamientos.
—No lo estoy haciendo.
—Sí lo haces. Ahora lárgate de mi habitación. No te quiero ver, no hoy —se fue furioso y cerró la puerta con fuerza —. ¡Se te quedó abierta! —le grité.
No iba a rebajarme por un hombre, mucho menos pelear por uno. Después de todo, si no lo había hecho por Neizan, tampoco lo haría por Titán.