Abrió la puerta que no había visto y me hizo pasar. Quedé estupefacta. Era una enorme habitación con muchos cuadros, estatuas, bustos y muchos libros y álbumes de fotos. ―¿Te gusta? ―me preguntó, seguía serio, aunque me miró sin enojo. ―Es... Jamás había visto algo así, ni siquiera lo había imaginado, es como un museo particular. ―Hay muchas cosas de esta casa que no conoces. ―Sí, puedo verlo. Él se iba a mover, pero yo lo detuve del brazo, él me miró esperando a que hablara. ―¿Sigues molesto? ―¿Molesto? No, ¿por qué habría de estarlo? ―No sé, dime tú. Yo no quise decir lo que dije, en realidad sonó peor de como lo quise decir. ―Francis, no hay problema, mientras no creas que soy un monstruo... ―¡Por supuesto que no! ―Entonces, todo bien. ―Pero pareces molesto. ―N

