―¿Qué harás ahora? ―me preguntó Edward mientras caminábamos por el pasillo. ―No sé, pensaba escribir, pero ya no estoy tan segura de querer hacerlo. ―¿Y eso? ―Él se detuvo y me miró con gran interés. ―No quiero tener más problemas con Edward Blanche o con la mujer esa. ―¿Has tenido problemas con Edward Blanche? ―No, en realidad, no, de hecho, creo que anoche él me hizo dormir. ―¿Ah, sí? ―Se mostró muy curioso. ―Sí, se me apareció anoche. ―¿Y? ―No sé, me habló un poco y luego me hizo cariño en la cara; desperté esta mañana. ―¿Se acercó así a ti, al punto de tocarte? ¿Le viste la cara? ―Sí, pero no. ―¿Cómo sí pero no? ―Sí, se acercó, pero no le vi la cara, la luz estaba apagada. ―Creí que dormirías con la luz de tu lámpara encendida todas las noches por el resto d

