En cuanto me quedé sola, sentí que un hielo nada agradable corría por mi espina dorsal, así que, sin pensarlo, salí de la habitación, no quería otro susto como el anterior. ―¿Pasa algo, Francis? ―me preguntó Erick cuando salí del cuarto. ―No quiero estar sola ahí ― respondí con sinceridad. ―Me imagino, ¿quiere que llame a Ginna o a Alexandra para que se queden con usted? ―No, ya suficiente se han molestado por mí esta noche, será mejor que me devuelva a mi habitación. ―No es molestia, para todos nosotros es un gusto ayudarle. ―Gracias, Erick, son todos demasiado buenos conmigo. ―Usted se lo merece. ―Gracias, pero igual, prefiero no molestar, voy a caminar un poco antes de volver a dormir. ―Puede dormir en la sala principal, el sofá es muy cómodo. ―Sí, creo que eso haré,

