XVIIAl siguiente día D. Mauro se desvivió obsequiando a su sobrina; pero lo hacía tan ramplonamente, que cada una de sus finezas era una gansada, y cada movimiento una coz. —Restituta —decía—, no quiero que trabaje la muchacha. ¿Óyeslo, hermana? Inés es mi sobrinita, y todo es para ella. Si hace falta coser, aquí tengo yo mi dinero para pagar costureras. Sácame el vestido nuevo, que me lo quiero poner todos los días, y estar en la tienda con él... y no me pongas más olla con cabezas de carnero, sino que quiero carne de vaca para mí y para este angelito de mi sobrina... y lo que es el collar que tengo apalabrado lo compro hoy mismo... y aquí no manda nadie más que yo... y voy a traer un fortepiano para que Inés aprenda a tocar... y la voy a llevar en coche a la Florida... y si entra mañana

