XXIXCuando los franceses trataban de tomar las piezas a la bayoneta, sin cesar el fuego por nuestra parte, eran recibidos por los paisanos con una batería de navajas, que causaban pánico y desaliento entre los héroes de las Pirámides y de Jena, al paso que el arma blanca en manos de estos aguerridos soldados no hacía gran estrago moral en la gente española, por ser esta de muy antiguo aficionada a jugar con ella. Los españoles, al verse de este modo heridos, antes enfurecían que desmayaban. Desde mi ventana, abierta a la calle de San José, no se veía la inmediata de San Pedro la Nueva, aunque la casa hacía esquina a las dos; así es que yo, teniendo siempre a los españoles bajo mis ojos, no distinguía a los franceses sino cuando intentaban caer sobre las piezas, desafiando la metralla, el p

