CAPÍTULO DIECINUEVE Zoe paseaba por el pasillo, inquieta y lista para empezar. Hacía más de una hora que estaba lista, esperando que el doctor les dijera que era hora de interrogar a su sospechoso. ―Siéntate, Z... ―sugirió Shelley, dándole palmaditas en el asiento de plástico vacío que estaba a su lado. ―La noche puede ser larga. Zoe estaba a punto de ceder y sentarse cuando se abrió la puerta de la habitación privada en la que su sospechoso estaba siendo tratado. ―Pueden hablar con él ahora ―dijo el doctor, haciendo una pausa para levantar un dedo en señal de advertencia. ―Pero nada demasiado extenuante. Si su monitor de ritmo cardíaco se dispara muy rápido, voy a tener que pedirle que se vaya. ―Entendido ―dijo Zoe ansiosa por entrar. Ya lo había oído todo antes. El disparo sólo fue

