Capítulo 3: La noticia.

1094 Palabras
Capítulo 3: La noticia. 【 Nina Vichenzzo】 Llego a mi casa, siento que alguien me vigila como una presencia que me acompaña desde que me vine del parque. Luego pienso en el caballero que se sentó a mi lado en la banca del parque Capodimonte. Esos pensamientos pasan por mi mente y es inevitable no sonreírme de medio lado, no estaba mal el chico ese, entro a la sala de la casa y saludo cordialmente a mi madre y a mi hermano mayor para luego subir a mi habitación. —Unas horas antes - Estoy llegando de las clases de tenis, cuáles fui obligada a asistir, mis padres me inscribieron, ya que decían que no socializaba con personas de mi status, que me pasaba horas en mi habitación. Tocando piano y solo veía a mi mejor amiga Paula, ellos quieren que haga más vida social, cuando yo en mi habitación encerrada me desvisto para un público, selecto y en aumento gracias a mis cuentas de OnlyFans y t****k. Le entrego mis cosas a Sergio, mi mayordomo, entro a mi habitación para ducharme y cambiarme, salgo renovada de mi habitación, he quedado con Paula para comprar algunas piezas de ropa interior, en esas cosas debo estar al día. Lo que me tiene emocionada, tengo como una semana con una rutina que no me agrada, consiste en ir al instituto, después al tenis para acabar en mi casa. Salir de eso me hace feliz. —No podemos seguir así, Henry quizás debemos divorciarnos. — Escucho una voz muy melancólica desde la cocina, algo me dice que no debería escuchar la conversación, pero solo sigo a mi instinto de curiosidad. Son como las 6 de la tarde ya mi padre debe estar aquí, mi madre también. Por lo que camino hacia el centro de la cocina para esconderme debajo de la isla de la misma. —No sé en verdad lo que dices, no lo entiendo. — Refuta mi padre con un tono de ignorancia, frunzo mi ceño al no entender el tema de conversación. —Tienes un tiempo así, Henry sabes muy bien lo que significa. — Cuestiona mi madre con ligera voz de enojo. Mis palpitaciones se van acelerando al ver que los zapatos de mi padre rodean la isla. —Amelia solo hablas tonterías. — Excusa mi padre una vez más. Veo que se va hacia la sala, escucho como mi madre golpea la isla y se va hacia el otro lado de la casa. Suspiro aliviada al saber que estoy sola en la cocina. Me levanto y limpio mi trasero del polvo que había en el suelo, veo que el mármol de la isla reposa un pedazo de papel con algo escrito. Me acerco viendo hacia los lados para que nadie me vea agarrando el papel, tomo y lo guardo en mi pantalón. Salgo de la cocina para estar en las escaleras de la entrada de mi casa. Me siento en los últimos escalones y me dispongo a leer lo que dice. “Tu esposo te está engañado con una mujer del trabajo, Amelia date cuenta. Firmado por: P”. «A pues, esto debe de ser una mala broma hacia mi madre. Mi padre jamás engañaría a mi madre con una mujer». Pienso, aunque en mi corazón sienta que me estoy mintiendo, unas lágrimas sin mi consentimiento salen de mis ojos. Corro hacia el portón le pido a Alonso que es el vigilante que me deje salir. Sigo corriendo hasta la casa de Paula. Creo que le diré que la compra de la ropa interior se pospone, siento que la adrenalina me tiene muy activada, yo puedo ser una coño de su madre con lo mío. Con mi círculo social, pero a mí que nadie me toque a mi familia, en especial a mi mamá, mi mamá es mi talón de Aquiles, por ella doy golpes y patadas kung-fu. Toco suavemente el timbre, después de dos toques me abre Paula con una sonrisa pintada en su rostro, sin perder tiempo me abraza transmitiéndome su cariño. — ¡Ay!, Nina, te extrañé bastante. — Se aleja de mí. Para analizarme. Sonrió forzadamente para no preocuparla, ella, en cambio, inclina su cabeza confundida. —¿Te pasa algo, Nina? — Inquiere tomando mi mano. —Nada, solo estaba llorando porque me raspé la rodilla jugando tenis, pero ya está bien, te venía a decir que… — Sin poder terminar mi excusa me interrumpe Paula intentando averiguar cómo me estoy sintiendo. —¿Te la trataron?, ¿Te duele mucho? — Interroga agachándose para ver mi rodilla, también me agacho, pero chocamos nuestras cabezas, lo que desprende mucho dolor en mi frente. Nos reímos de lo que paso y agradezco mi torpeza para poder así cambiar de tema. —Bueno, te quería preguntar, se posponen lo de la compra de la ropa interior, vine muy cansada del tenis, no te quería dejar plantada. — Escupo media verdad, no quiero que algo que ni siquiera yo entiendo lo sepa ella, tampoco quiero que tal vez lo que sea solo un rumor se esparza, no siendo verdad. —Oh, no te preocupes desde que te vi andabas extraña, me imagino que es eso. — Sonrió ante su comprensión, la abrazo y me levanto mientras que me alejo, me despido con la mano. Camino sin rumbo entre las calles de Nápoles, bajo un lindo atardecer, ve a mí alrededor y todas las personas caminan, unas están acompañadas, otras solas como yo. Solo sigo pensando que mi familia está a punto de separarse y no puedo hacer nada. Me siento tan impotente que no sé si volver a casa o quedarme vagando por las calles de Nápoles, yo soy más dura, pero cuando el tema se trata de mi familia soy una gelatina, literal. Veo al cielo y está a punto de anochecer, camino por el parque Capodimonte, mientras que el aire frío golpea mi rostro húmedo por las lágrimas que he derramado. Puede ser dramático de mi parte, pero ahora no es de mi interés saber si estoy llevando esto muy lejos. Veo un banco a la distancia que es el más bonito de todos los que he visto, me acerco y lo contemplo por varios segundos. Me dispongo a sentarme allí, a tratar de entender de que se trata esta nota que llevo en la mano, me da mucha ira, pero debí ser valiente y de una vez confrontar la situación en la cocina de mi casa y no hacer supuestos que me llevarán tan lejos.
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