Capítulo 4: El drama.

1050 Palabras
Capítulo 4: El drama. 【 Nina Vichenzzo】 Continuo en el parque Capodimonte, miro a la banca que se ve cómodo, me siento y saco el papel que he estado guardando toda la tarde en mi bolsillo, lo leo una y otra vez. Sin comprender mis lágrimas salen de mí a mares, ya es de noche, me siento sola, sin quién acudir, quizás yo lo decidí así, quizás sea obra del destino. Pasa el tiempo y aún sigo aquí sin mover ni un músculo, creo que ya todas las personas que merodeaban se fueron a sus casas o qué sé yo. Viene a mí un olor muy distintivo a mis fosas nasales, sigo inhalando y es un olor verdaderamente agradable, «Creo que es la fragancia de Antonio Banderas, la misma que usa Polo, el papacito que me bajé del cielo en las clases de tenis». Confirmo para mis adentros, cada vez más se hace más fuerte. Lo que logra embriagarme, volteo instintivamente y me encuentro con dos caballeros de buen físico mirándole ocasionalmente. Siento como una presencia se me va acercando y de repente me asusto porque es uno de los caballeros que se sentó a mi lado y el otro se sentó en otra banca, lo que me llama la atención. Sin embargo, me encuentro tan abatida con la situación de mis padres que sigo sollozando el dolor que siento, de repente pasa una brisa muy fuerte a través de mí. Miro al caballero que está sentado al lado mío, lo veo fijamente, siento que lo conozco de otra parte, me digo para mis adentros. «¡Wao, qué guapo es!». Puedo ver que también le llamo la atención, ya que me mira de igual manera, al instante se levanta como si tiene un resorte en ese cabo y camina hacia donde se encuentra el otro muchacho. Sin explicación ni yo misma lo entiendo, las gotas saladas que salían de mis ojos se detuvieron. Siento un gran calor junto a mí, una calidez que logra calmarme y me hace sentir muy bien. Sigo sentada en la banca, arrugando el papel lo más posible que pueda con el enojo que va pasando, me siento aliviada y relajada. Cuando de repente escucho en mi oído y me quedo tranquila escuchando: —Por favor vuelve a casa, todo estará bien, te lo prometo. — Una voz masculina, me susurra al oído y de golpe una corriente de aire impacta en mi rostro, por lo que cierro los ojos para que no me entre ninguna basurita en ellos. Esa voz no me asustó, se dé muy bien quien es, creo que hizo conexión conmigo y quiere guiarme o por lo menos eso es lo que dicta mi corazón que debo acatar sus órdenes. Por lo que me levanto y voy directamente hacia mi casa. Me sentía sola, pero ahora, no hace falta decir que me siento acompañada. Siento que me sigue, aunque no nos conozcamos lejos de asustarme, me gusta que esté persiguiéndome, claro las mujeres exageradas como yo nos fascinan la atención de otras personas y más si es la atención de un caballero tan guapo como ese que ya lleva varias calles persiguiéndome en su auto. Llego a mi casa, siento que hasta aquí llego su compañía, se puede dar por conforme que llegue bien si eso era lo que puedo suponer que le interesaba, claro que sentí la conexión con él. Desde que se sentó en la banca del parque Capodimonte, entro a la sala, miro a mi alrededor consiguiéndome con mi madre y hermano mayor, los saludos cordialmente primero a mi madre y luego a mi hermano mayor para entonces subir a mi habitación. Aún siento en mi corazón que el caballero desconocido permanece allá afuera, lo que me gusta, no obstante, me incomoda un poco porque ya sabe en donde vivo y no me gustaría que me agarré desprevenida en acercarse a mí. Aunque tengo 19 años, he recorrido algo de mundo y creo que no es adecuado estar tan desprovista de seguridad en cuanto a las amistades casuales, quizás no he madurado bien, por eso aún prefiero que toda relación que sé de en mi vida por el momento sea una amistad virtual. Me voy al baño y cierro la puerta, sigilosamente hago mis cosas en el inodoro, extrañamente desde que el caballero se sentó a mi lado, no sale de mi mente, por consiguiente, ya no tengo la necesidad de llorar. Me siento bien y en paz conmigo misma. —¡Nina, ven a comer! — Me toca la puerta de mi habitación, mi hermano, llamándome a cenar. Por lo que salgo del baño, me entristece un poco recordar lo que escuche en la cocina más temprano, pero de igual manera voy con una sonrisa al saber que mi familia me toman en cuenta, no sé dónde tome está tristeza, pero, me siento feliz de saber que no estoy sola, que los tengo a ellos para mí. —Amor, no te he visto en todo el día, solo cuando nos saludaste, ¿Cómo te fue en el tenis? — Inquiere mi mamá con una sonrisa forzada. Mi hermano solo come, veo que está como en “modo automático”, lo que me causa risa. —Bien mamá… Gracias por preguntar. — Le sonrió con la más sincera dulzura que tengo. Ella al parecer en el acto reflejo sus ojos se ilumina y por poco deja de estar triste. —Tú Carlo… ¿Cómo vas con la universidad? — Interrogo, solo recibo un bufido como respuesta. —Lo tomaré como que tu novia te dejó por uno más bonito… — Le provoco para hacerlo enojar, ya que una parte de mí disfrutar su cara de enojo y es muy fácil molestarlo, así que gracias a ese comentario no me tomará mucho tiempo en ver su ceño fruncido. — ¿¡Pero qué!?… Nina déjate de juegos, solo no quiero hablar ahora. — Me recrimina Carlo sonrojado, por lo que yo reí sin parar, mi mamá ahoga algunas carcajadas. Por ahora sé que las cosas no están bien, pero algo me dice que van a estar mejor, no importa qué trabajaré duro por ello. Espero que sea así para no estar llorando como el día de hoy.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR