Después de un buen polvo mañanero, dormitamos un poco. Lo necesitábamos. El sexo era intenso con Gabrielle, y un poco de descanso nos ayudaría a retomar la realidad. Que ya estaba acercándose. Algo que a mí me preocupaba. Pero sabía que no podía hacer nada al respecto, igual que no podía tener suficiente de Gabrielle Hargreave. Me hubiera gustado poder detener el tiempo; en ese instante el reloj de arena se estaba llenando demasiado rápido. Temía el momento en que me dijera que tenía que llevarla de vuelta a Londres, donde vivía y trabajaba. No quería llevarla de vuelta. Ni siquiera quería regresar a Londres porque sabía que allí todo sería diferente. Muy diferente a estar con ella aquí, en este momento; fácil, bueno… divertido. Quería que se quedara en Donadea conmigo para poder es

