UN ERROR... OTRA VEZ

936 Palabras
LEANDRO — Hermano — escuchó la voz de Mark cuando espero que ella avance. — Necesito hablar con los dos. Las palabras llegan de la nada y debería tener miedo, tal vez al menos cargo de conciencia por escuchar esa palabra con la que siempre nos hemos llamado «Hermano», pero lejos de eso me concentro en las acciones de la mujer que él tiene desde hace años. Giselle definitivamente tiembla, mi amigo le estira la mano que ella toma y supongo que podría pensar que él ya lo sabe pero ni por mucho que un hombre sea de acero podría no actuar si estuviese enterado de que su novia se acostó con otro. Mark no sabe nada, el se sienta en uno de los muebles con su novia al lado y yo en otro estando los tres en el mismo lugar, una mala broma del destino pero ya avanzada como para detenerla, he decidido no decir nada, a pesar de todo el la mira como lo mejor del planeta y por algo será, él siempre ha tenido la sensibilidad de elegir bien, yo no. — ¿Qué pasa?. — Me quiero disculpar por el problema de hace un rato, mi amor — toma su mano y a ella le brillan los ojos. — Yo te amo, estaremos en la misma empresa pero será difícil no tenerte a mi lado cada minuto. — Hermano en serio, papá te está dando un regalo con Giselle — paso saliva por el doble sentido que le doy a sus palabras. — Ella es maravillosa en más de un sentido. — ¡Basta! — me alteró — Lo siento quiero decir que entiendo pero sabes que odio las cursilerías — disimulo y veo que se ríe. — Ya entendí que te has sacado la lotería con ella. — Se llama Giselle y cuando logremos todas nuestras metas, Giselle Smith. Su miel empieza a irritarme, el cinismo de la gente no me deja de sorprender entre ellos el mío, se lo que ha pasado, soy yo el que está jugando con fuego al aceptarla como mi secretaria, eso es demasiada cercanía para dos personas que no se toleran pero han compartido la cama y ahora el amor por Mark, porque realmente se nota que ella lo ve como la máximo, pero así me hacía sentir Isabella y al final me jodió la vida. Mis pensamientos me hacen por segundos no escuchar lo que se dicen, veo como ella lo abraza feliz y no soy un misógino, las mujeres preciosas siempre llamarán mi atención pero las hipócritas como la que me plantó y Giselle son castigos para la tranquilidad de cualquiera. — ¿Entonces?. — Mi amor, tienes un compromiso con Leandro — definitivamente él no entiende lo que causan sus palabras. — Hermano, tienes un compromiso conmigo. — ¿Contigo?. — Por supuesto — responde besando a su novia — Ser el mejor cuñado. — Empezamos con el pie izquierdo, eso puede mejorar. Junta nuestros cuerpos, los tres terminamos pegados, mi estómago recibe una punzada cuando el cabello de ella queda cerca a mi nariz y el rubio disfruta de tener a las mejores personas a su lado como él mismo dice. Estoy siendo un miserable, internamente admito mil veces que esto está mal, que debería decir la verdad, que ella lo está engañando, que yo lo estoy engañando, sin embargo, disfruto más de la adrenalina de tener a una mujer prohibida a mi lado, bajo mi mando, mis reglas, haber gozado con ella de una noche inolvidable, más aún sabiendo el morbo de haberla tenido en mis brazos, es absolutamente malo, incorrecto, egoísta y peligroso, pero no hay nada que quiera hacer en contra de eso, deber no siempre es querer, yo debería de alejarme de esto pero no quiero. — ¿Nos vamos? — miro a la castaña. — Si señor — me mira de pies a cabeza, respira hondo y le da un beso a mi amigo que me hace sentir incómodo porque él tiene algo que yo quisiera repetir. — Excelente, empezamos. Salgo de la oficina con ella detrás de mí, no la miro pero escucho las tacones que siguen mis pasos con firmeza, pienso en tomar el ascensor pero un lugar cerrado no es la mejor idea así que optó por las escaleras pero no la escucho. — ¿Qué pasa? — pregunto viendo que se quedó parada. — Hay ascensores — refuta y me rio. — Te voy hacer una pregunta y si quieres que esto funcione, me vas a responder con la verdad — me acercó un tanto y retrocede. — Dígame. — ¿Enamoraste a mi amigo haciéndote la mosca muerta? — sus ojos me ven con toda la rabia. Quiero una respuesta. — No, enamore a su amigo amándolo desde siempre — baja la voz cuando algunas personas nos miran. — Usted puede pensar lo peor, tiene razón y yo también. — ¿Tu? — pregunto sin entender. — Si, yo también pienso que usted es el peor ser humano del mundo, usted no tiene moral para juzgar cuándo está disfrutando este espectáculo, le pudo haber dicho que no a todos. — Tienes razón, igual que tú — la encaro pero no baja la mirada y eso es bueno. — Ambos estamos cometiendo un error. — Otra vez — respondo a lo que dice. — Las escaleras están bien. — Tu primero — da un paso pero se queda a medias mirándome. — Mejor usted — me río subiendo porque es verdad, quería verle el trasero. — Nada va a cambiar. — Nada.
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