ME ENCARGARÉ

1000 Palabras
GISSELLE — Esto es bueno — habla Mark abrazándome por la espalda. — Se que no es lo que esperábamos pero igual. — Total, nada nos podría separar — sus palabras arman y desarman mi corazón. — ¿Por qué lo hiciste Giselle? — su voz me hace temblar. — ¿A qué te refieres? — A esa noche — Deberíamos hablar claro. — Es lo que estoy haciendo. Se sienta en su puesto y yo en el mío, en este momento, después de toda una vida de soñar con él, lo veo más inalcanzable que nunca y no hablo del dinero ni de las clases sociales que son aún un abismo, hablo de la lealtad, de la moralidad, de cómo falle por estúpida y de cómo está repercutiendo en mi vida, la vida que me recuerda como muchas veces un paso en falso puede derribarlo todo. Mark habla y ya no tengo cara para llorar, solo lo escucho con miedo y vergüenza, sé que está molesto y decepcionado, una de las cosas por las que discutimos además de su madre son nuestras personalidades, después de todo él se educó en los mejores lugares, su familia no es una extremista conservadora pero la imagen para ellos es muy importante mientras que yo odio aparentar, sin embargo, ahora mismo finjo como la más grande mentirosa y he aceptado por cobarde y orgullosa trabajar al lado de ese hombre fallando nuevamente a una persona que amamos pero hemos lastimado aunque él no lo sepa. — Esa noche fue un error. — Lo sé — me corta amablemente. — Ahora mismo debemos hablar de él — siento miedo pero es la culpa. — ¿Qué tan importante es Leandro Rossi para ti? — preguntó sin pensar más. — Tanto como tú, Leandro es mi amigo de toda una vida, puede parecer que somos un abismo de diferencias pero también hay similitudes, él es tan serio y apático que puede parecer intratable pero no es así — me asegura. — Amor, amo estar a tu lado, eres la persona a la que le confío mi vida — presiona mi mano y se me oprime el pecho. — Te amo mi niña hermosa. — ¿Realmente me amas? — veo sus ojos sorprendidos — Eso no es justo Giselle. — No es justo que me preguntes algo así cuando la que ha tenido un comportamiento indebido eres tú — levanta la voz — ¿Me vas a decir que esperabas que te defienda? — ¡Si! — respondo molesta. Sé que la porquería que hice no tiene perdón pero este es el jodido problema cuando guardas tanto y explotas en el peor momento viniendo como una avalancha. No tengo cara para reclamar pero lo hago, lo hago porque me duele que me mire como lo hace, como si lo de ser ahora la secretaría de Rossi fuera un favor, cuando su madre me ha insultado, ahora lo merezco pero antes no y aún así lo hacía, lo hace, lo disfruta. — Tu madre me considera muy poca cosa para ti, tu eres un príncipe y yo una plebeya, el heredero de este imperio y yo la secretaria que ven como una obra de caridad, me duele pero me duele más pensar que tú — empuño mi dedo en su pecho — que tú me veas así me rompe el corazón. — ! Basta! — me abraza y dice que no es verdad — Yo te amo Giselle, deberías saberlo, no puedo vivir peleando siempre con mamá y contigo, no se llevan bien lo entiendo pero no quiero que esa mala relación se repita con Leandro — y solo escuchar su nombre es un golpe. — ¿El es muy importante para ti? ¿Realmente lo es?. Tengo la esperanza de que diga que no, que lo odia, que lo desprecia, que es una basura, cualquier cosa que me quite la culpa pero nada, lejos de eso resulta que Leandro Rossi fue hasta cierto punto él defensor de Mark dónde estudiaban, que siempre lo hizo respetar, que le confía todo, que su familia lo ama, que el italiano es un ser humano complicado pero es un gran amigo, la palabra amigo queda corta y lo llama hermano del alma por quien daría la vida y el por la de el. — No es posible. — Lo es, Leandro siempre dice que yo soy el mejor partido pero es él quien se queda con las mejores mujeres — se ríe y yo no me puedo ni mover — ¿Ha tenido muchas mujeres? — mi pregunta es estúpida. — Ninguna tan importante como esa — sus ojos me dicen que está enojado — ella es innombrable. — ¿Por qué? — me debería callar pero realmente me intriga. Es decir… — Es algo pasado amor, el pasado se debe de quedar dónde está. — Deje ir lo que era para convertirme en lo que soy y cuando deje ir lo que tenía empecé a recibir lo que necesitaba — interrumpe la voz del italiano y se me escarapela el cuerpo — Señor. — Si quiere saber algo de su nuevo jefe — recalca la palabra — me lo pregunta directamente a mi — se acerca unos mínimos pasos y me siento morir. — Yo no — solo balbuceó y me voy al lado de Mark alejándome de él — Lo lamento señor — Deberías — me dice, siento descaro en sus actos , no comprendo como puede ser bueno y mi novio le pide que baje la guardia y empiece a tratarme como “la cuñada que soy”. — Vamos hermano, yo amo a esta mujer — aprieta mi cintura — mi novia es tu cuñada porque tú eres mi hermano, debes tratarla como merece. — No tengas dudas de que así será, Señorita Davis, a mi oficina — es una orden, tengo experiencia debo obedecer pero tiemblo como novata. — Me encargaré de ella.
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