Giselle
— ¿Qué? — escucho a Mark y decir que el mundo se me viene encima ya es repetitivo porque el peso de es error no se compara a nada.
— Soy la secretaria de la vicepresidencia.
Es a penas lo único que puedo balbucear mientras que todos están sorprendidos pero los ojos de ese celeste intenso que tiene ese hombre lo hace todo peor, no comprendo nada y me siento miserable cuando mi suegro me abraza diciendo que debo salir de la rutina, el no se imagina que salí de la rutina de la peor manera el día de su cumpleaños y los ojos me pican pero ya no lloro, ahora mismo solo necesito tener el valor de decir algo, de reclamar, de pelear pero no tengo cara para hacerlo, las palabras y las miradas de Madison Smith son dagas pero sin saberlo tiene razón.
La esposa de una de las mejores personas que he conocido en la vida reclama diciendo que Leandro Rossi no debe ser torturado con mi presencia, que él ni siquiera es parte de la empresa y opino lo mismo, sin embargo, Isaías dice que él necesita hacer cambios y es un honor recibir a un hombre como Rossi, de confianza, correcto, leal y puedo jurar que cada halago no solo me hiere a mi si no que también lo apena a él.
Entiendo ahora que el italiano gigante es una eminencia del márketing, una mente maestra entre negocios y hasta abogado como segunda carrera que no ejerce porque no le da la gana, Madison dice que le hubiese encantado saber de esto antes porque el cariño que sienten por él es inmenso y solo me dan ganas de vomitar.
— ¿Por qué no me dijiste nada? — pregunta mi novio. — Quería que sea una sorpresa — responde el castaño con una frialdad que abruma.
— Tienes tu propia empresa — habla mi nada amable suegra haciendo que Rossi responda con algo que me deja pensando.
— Una empresa que había formado con otra persona, la voy a liquidar y por lo pronto ayudo a Isaías como me lo pidió, buscaba la independencia como siempre.
— ¿Buscabas? — interrumpo y me mira con una especie de media sonrisa pero esto no es nada gracioso. — No lo tutees Giselle — me regaña Madison.
— Bueno basta, al parecer a mi hijo los ratones le han comido la lengua, Leandro eres bienvenido a la empresa por el tiempo que quieras, el que estés aquí puedo asegurar que le dará otro aire a todo esto — señala a todos y me siento mareada.
— Mi amor.
Escucho la voz de mi novio cuando me agarró de una silla, todo me da vueltas y me aferro a los brazos que están en mi cintura, los mismos que me recuerdan esa noche y no me equivoco, nuestros cuerpos se alejan rápidamente cuando casi esté salvaje me empuja después de haberme sostenido y yo de tonta pensando que había sido Mark el que me estaba sosteniendo.
Isaías pregunta si estoy bien y Madison pregunta con horror si estoy embarazada haciendo que yo también grité un !¡No!.
— Para nada, no, yo absolutamente me he cuidado — tartamudeo escuchando la risa de mi suegro. — No me molestaría que una cosita me llame abuelo — bromea y tomó el vaso con agua que Mark me da temblando.
— No estoy embarazada.
— Claro que no, si Giselle y yo llegáramos a tener hijos serían muy planeados, yo tengo metas que cumplir, la presidencia es lo que más anhelo. — Está ya es tu empresa hijo. — habla la mamá.
— Igual, soy Mark Smith, empresario del año, una de las cabezas de una de las empresas más importantes del país y no hay nada que vaya a distraer mis planes.
— ¿Tú no piensas decir nada? — le preguntan al italiano y agradezco que lo hagan. — Apuesto que no estás de acuerdo y si es así, la presencia de Giselle no se le puede imponer a Leandro.
— Anda mi niño grande dinos, ¿La quieres a tu lado o no?
La pregunta llega como una espina, me atoró con el agua y el gira los ojos en señal de fastidio, definitivamente me odia, tiene razón y es mutuo porque a leguas se nota que es un desgraciado, arrogante de lo peor, Madison está disfrutando de la forma en la que ese hombre tiene el poder de decidir mi permanencia en la empresa que le he dado 4 años de mi vida, se que la señora me ve como poca cosa por su hijo pero que ese estúpido solo me vea me pincha el orgullo haciendo que me levanté sin esperar nada bueno.
— Usted no se preocupe señor, Don Isaías le voy a vivir eternamente agradecida por todo lo que ha hecho por mi y mi familia — pongo el vaso con fuerza en la mesa.
— Tiene mucha razón al decir que un cambio de aires es bueno para todos, me excedi — me dirijo a Mark — no te culpo por mis errores son míos y por eso necesito que sepas…
— Ella se queda — escucho la voz varonil y volteo para ver cómo se arregla la corbata.
— Los problemas personales que puedan tener no es mi problema, si Isaías dice que es una empleada buena entonces me va a servir — recalca la palabra empleada.
— Señorita Davis, necesito su cu — la palabra queda ahí y el corazón late más rápido.
— Su currículum en mi escritorio para ayer, no me gustan las impuntualidades, menos los dramas, nada de lloriqueos, quiero dinamismo — hace énfasis en casa palabra con seguridad.
— Sus problemas personales los deja fuera de mi radar. — Leo — le habla Mark pero él le dice que no lo interrumpa.
— Soy exigente — camina con personalidad tocando la cadena de plata que tiene y me queman las mejillas porque mi mente me trae el recuerdo, esa cadena me dió en la cara cuando el. — ¡Dios mío!
— No me gusta que me interrumpan — me regaña.
— Oh no lo podría olvidar, mi café — continúa el maldito y se nota que está disfrutando esto. — Un espresso perfecto.
— Eso es sencillo — bromea Isaías pero nada puede ser fácil con este hombre actúa así.
— Yo, no creo que está sea una buena idea, mire yo — me dirijo a Isaías pero el otro interrumpe.
— Isaías te voy a pedir algo, si he llegado aquí es porque tú me lo pediste, disolver mi empresa es primordial pero puedo tener otra cuando quiera bajo mi propio poder, sabes que eso es lo mío, sin embargo estoy aquí, agradezco tu confianza pero si me vas a dar a una persona que sea útil entonces hazlo, lo único que veo aquí es a una señorita inestable, poco profesional, que lo único que hace es llorar y además le echa la culpa al alcohol de sus actos. Si tanto miedo tiene de hacer algo nuevo, entonces no me sirve, secretarias hay por montones — está a punto de largarse y mi ego no soporta el suyo.
— Trabajaré con usted — interrumpo su paso mirándolo directamente.
— Haré el mejor café de este planeta, no habrán dramas ni lloriqueos porque esa relación solo la tengo con mi novio — recalcó eso, no debería de sentirme orgullosa después de lo que hice pero veo que al italiano le incomoda que le hagan frente y que soporte.
— Es verdad que secretaria hay por montones, pero ninguna lo hará tan bien como yo — finalizó rabiosa viendo el sarcasmo en su cara ignorando a quienes nos rodean.
— Bienvenida a mi mundo Giselle.
Estira su mano, por segundos no quiero tocarlo pero Madison grita que no sea grosera por lo que la aceptó, el cosquilleo de mi cuerpo me hace sentir incomoda y es peor cuando me da un beso sin nada de especial en la mejilla si no fuera lo que me dice solo para él y para mí “Veremos si duras tanto siendo cínica y desafiante como duraste saltando encima de mi”
Nos separamos de inmediato y ya me arrepentí, Isaías aplaude riendo, Madison está molesta pero es menos pues no estaré pegada a su hijo y Mark me abraza diciendo que tenemos que hablar, de verdad quiero llorar y es peor cuando se dirige a su supuesto mejor amigo.
— Por favor tenle paciencia, Giselle es la mujer de mi vida, es una excelente profesional, nuestros problemas son nuestros pero nada puede quitarle lo maravillosa que es, eres mi hermano y te estás llevando a mi tesoro, pero eso no será por mucho tiempo.