NUEVOS AIRES

1604 Palabras
— El control es mío y las lágrimas de una hipócrita no van a manipularme nunca más. Camino de un lado a otro en la oficina en la que estoy, solo como casi toda la vida y no hay problema, me gusta esto, lo que no me gusta es saber que le estoy mintiendo a mi amigo, al hermano que la vida me dió, el que me prestó su hombro y hasta su familia en más de una ocasión, el mismo que me ha recibido con los brazos abiertos mientras yo no he dejado de fantasear con esa que tuve en la cama. — Ella no es especial. Aprendí a no complicarme la vida pero hay ocasiones en las que esta te juega de la peor forma, el dominio es mío porque un día estuve a Merced de una situación de mierda cuando Isabella me vio la cara, ahora estoy siendo participe de que le vean la cara a Mark y eso va contra los límites que hasta un hombre como yo no debe cruzar. — Decirle es lo ideal — me sirvo un trago. — No regrese para esto — le doy una calada al cigarrillo mientras repaso los recuerdos. — Si lo amara no le mentiría, la mentira es algo que no tolero — estampó el puño en la mesa. — Ella no es especial. No lo es y con eso tomó la decisión saliendo de aquí para ir donde mi amigo, cada paso parece eterno y odio el drama, recordar lo que quería hacer cuando ella salió corriendo de la habitación es estúpido, la he visto llorando por el pero hace más de una semana no era así, ella estaba gimiendo por mi, ese vestido rojo no es el mismo que tiene hoy, pero los ojos si, la forma en la que los cerró al verme fue el mismo impacto cuando me metí en su interior, esto es un estúpido juego donde no voy a perder y entro a la oficina de Mark para ver cómo da vueltas y ella está con la cara enterrada en las manos. — Entonces ya lo sabes — respiro hondo y me mira con miedo — Venía a decírtelo — mi amigo tiene el cabello desordenado y ella niega con la cabeza. — No fue mi culpa y… — ¿Y porque sería tu culpa? — interrumpe de la nada Madison y la furia de la rubia es tanta como su sorpresa al verme. — ¡Mi otro niño! — me toca las mejillas con cariño pero su ira es grande tirando una revista al escritorio — Tu no tienes la culpa de que la novia — remarca las palabras con fastidio — de mi hijo sea una sinvergüenza. — No es culpa de nadie que la cabra siempre vaya a tirar al monte — sus ojos la fulminan y solo agacha la cabeza. “Ella no parece ser una cobarde” — Mamá por favor. — ¿Quieres destruir a mi familia verdad? Las preguntas y el desespero de Madison son más que evidentes, en todo el tiempo que la conozco jamás la había visto así, ella es tan fina como elegante pero ahora mismo sus gritos avasallan y esa mujer que se atrevió a darme una cachetada ese día no tiene respuesta. Por un segundo supongo que ya lo saben, estoy dispuesto a enfrentar las consecuencias pero sería muy machista culparla solo a ella por lo que no entiendo sus gritos hasta que Mark toma la revista y la cara de decepción y molestia que tiene es obvia, las fotos de esa mujer bailando como se que lo hizo en la barra ese día están en ahí: Las noches locas de la gran manzana. — ¿Y así te preguntas porque odio saber que estás con mi hijo?. — ¿Qué diablos es esto Giselle? ¡Te juro que voy a despedir a Lauren! — Ella no tiene la culpa — habla por fin y tiene toda mi atención cuando se limpia las lágrimas para levantar la cabeza — Soy yo la que está ahí, no soy una cabra, soy una mujer que admito con vergüenza, bebí de más y me arrepiento enormemente — me mira al decirlo y eso me molesta. — Esa revista ni siquiera sabe quién soy, nadie sabe quién soy. — En más de una ocasión te han visto a nuestro lado, siendo parte de esta empresa, ¿Está es la imagen que crees que queremos dar? — Hay fotografías de ella tomando, agitando el cabello, bailando con más gente alrededor y textos hablando de los excesos que ofrece la ciudad y claro que lo sabemos. — Mi novia bailando con esa multitud como una — Mark no termina de hablar mirando a la mujer que quiere tocarlo pero no se deja. — Como una zorra — termina la madre y ya entiendo porque no sabía nada de está novia, ellas se odian y Mark no habla. — Se lo dije a tu padre mil veces, hay niveles, no me importa que me digan que es antiguo, las clases sociales existen por algo y aquí está la razón, Mark Smith es un nombre que pesa, un empresario millonario y espero que esto te haga reflexionar — se dirige a su hijo de quién me sorprende su actitud. — No soy una zorra señora — se defiende pero le falta fuerza. — Esa noche fue un error, yo estaba muy dolida por tu maldita misma actitud — se pone histérica dirigiéndose a Mark. — ¿Me vas a culpar a mi? !Por favor! — ¿Qué diablos hacías en ese lugar, que hacías y con quién estabas? La pregunta es para ella pero siento que también puedo responder, después de todo empieza a perder el color natural de sus mejillas para ponerse pálida mientras Mark está molesto, la encara y ella tartamudea diciendo que lo lamenta, que por favor la perdone y admito que verla así no me excita tanto como verla pelear pero si da pena, Madison sigue diciendo que no ha valorado el apoyo de los Smith, que es una vulgar, que no comprende cómo es que su hijo se fijó en ella después de haberla rechazado tantas veces ¿Porque la rechazaría? me preguntó en medio de la discusión pero la madre no para, claro que Mark es un gran partido pero ponerlo en el cielo mientras a ella la rebaja repitiendo que no está a su nivel es algo estúpido. — Esto es una exageración — hablo sin más haciendo que los tres me miren sorprendidos. — Es la verdad, está revista no está mencionando nombres, fue una coincidencia que la foto de ella aparezca, hay muchas más personas — señaló con desdén botando esa porquería de chismes. No es para tanto. — Tenemos una imagen que cuidar, no lo entiendes cariño apenas has llegado y eso me hace muy feliz, si está mujer tiene un poco de consciencia entenderá que esto es una vergüenza, que afortunadamente nadie sabe que está con mi hijo y así como unos regresan otros se van, Giselle, estás despedida — suelta sin más y se me reduce el estómago viendo su cara triste buscando la mirada de su novio. — No me puede despedir, de verdad yo — No hay más que decir, esto fue una coincidencia, me preguntó qué harás cuando nadie te ve — sus palabras la acorralan y yo podría decir que si se. — Mamá, creo que eso es algo exagerado, Giselle es una buena trabajadora. — ¿Nada más? — se aleja de él — ¿Es lo único que vas a decir? — el desespero es obvio en ella. — Mierda Mark, no tengo cara para decirte algo pero no puedo más — le tiemblan los labios llorando. — ¿Soy solo eso para ti?. — No debiste hacer eso, yo me he arriesgado por ti. — Tu no has hecho nada por mi — se exaspera — Tu dejas que cualquiera me pisotee, por Dios que no soy una zorra, lo juro — solloza haciendo que mi amigo se acerque pero lo aleja — No soy nada para ti y me duele, me he arrastrado lo suficiente por el amor de mi mejor amigo y no pienso seguir haciéndolo — me levanto de la silla al escuchar aquello. — Te he amado demasiado, te falle pero también lo has hecho conmigo. — Usted no me despide, yo me voy. — !¡Imposible! — escucho otra voz conocida cuando está a punto de irse. — Lo siento mucho — se tira a los brazos del tío Isaías que la consuela mientras él mismo le pregunta a su hijo si no hará nada al respecto. — Eso es algo decepcionante Mark — comenta el padre y opino lo mismo. — Si algún día sales de aquí que sea por la puerta grande niña. — Yo no — solloza sin parar. — Yo también tengo opinión, soy tu esposa. — Y eso no va a cambiar, yo te doy tu lugar — recalca esas palabras mirando a su hijo — este no es el esposo, soy el empresario que sabe valorar a un excelente elemento de mi empresa y por ende Giselle se queda. — Eso es excelente papá — le brillan los ojos a mi mejor amigo mientras su madre está furiosa y yo me rio. — Giselle, la vida es para disfrutarla pero debemos conocer nuestros límites, un cambio de aire no está mal, Leandro te presento a tu nueva secretaria, Giselle Davis.
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