Quinn se despertó con un golpe en la puerta, y se sentó, frotándose los ojos y aclarando la garganta antes de hablar. —¿Quién es? —Soy yo... —respondió Zayd —. Yo y algún otro fastidio, pero yo de todos modos. ¿Puedo entrar? Aunque estaba curiosa de a quién consideraba él un fastidio, Quinn se enderezó y ajustó la bata que un m*****o de la manada omega le había traído anoche. —Sí. La puerta se abrió, y Zayd entró, intentando pero sin lograr cerrarla frente a la mujer que estaba afuera. —Deja de comportarte como un idiota, Zayd... solo quiero verla. —¿Por qué, mamá? —Porque Isabella dice que parecía muy especial para ti. Nunca has traído a casa a una mujer decente antes. Miró más allá de él a Quinn con una extraña sonrisa. —Vamos, entra Nick... como esperábamos, es tan hermosa

