Las manos de Quinn se apretaron contra la cama, sus ojos se cerraron cuando se acercó para darle un beso del que no estaba segura de si podía negarse. Esperó a que sus labios tocaran los suyos, pero antes de que eso pudiera suceder, alguien llamó a la puerta. Quinn se apartó de él como un gato asustado, gritando nerviosamente. —¡Entra...! Esa chica omega que le había traído el camisón y algunas otras cosas anoche entró con una bandeja en la mano. —Buenos días... alfa, tu madre me dijo que también te trajera la comida aquí. Zayd gimió, alejándose lentamente de la cama. —Esa mujer siempre será mi perdición. Gracias, Larna... puedes ponerlo en la mesita de noche y irte. La omega a la que Quinn ahora conocía como Larna asintió con la cabeza, caminó alrededor de la cama y colocó la

